¿Dónde está Mónica?»: memoria, amistad, ausencia y nostalgia
Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)
Cerrando la segunda temporada de ¿Dónde está Mónica?, la sensible obra de teatro escrita y protagonizada por Sonia Novello y que relata la emotiva y dolorosa historia de su gran amiga de la infancia, Mónica Liliana Spinetto, brindó su última función de este 2026 en el Centro Cultural Rojas porteño.
La representación se inspiró en la amistad entre Novello y Spinetto, en el barrio de Caballito crecieron, compartieron escuela, juegos y confidencias. Pasaron los años, fueron madurando y siendo amigas del alma, hasta que en 1997, Mónica desapareció misteriosamente de la faz de la tierra sin dejar el mínimo rastro.
Con Novello como dramaturga y actriz, junto a su inseperable compiche artística, Claudia Mac Auliffe, quien interpreta a Mónica, se recrea la dolorosa historia con abundancia de nostalgia y sentimiento. Una pantalla con imagenes del pasado, con la desaparecida en fotos blanco y negro, refuerza las actuaciones.

Juegos, ausencia y poesía
Desde que Mónica fue adoptada por un matrimonio mayor de inmigrantes italianos, sus juegos, sus juegos, su apego a las aventuras, sus sueños y deseos, su espiritualidad profunda con una fuerte conexión con la iglesia, hasta la inexplicable pérdida de su rastro.
La dupla Novello-Mac Auliffe, con la colaboración musical y en algunos diálogos de Pablo Viotti, se sumergen en el dolor de la ausencia con una propuesta que entrelaza la crudeza de la realidad con la poesía del recuerdo.

No se estaciona ¿Dónde está Mónica?, dirigida por Maruja Bustamante y con diseño de vestuario y escenografía de Gabriella Gerdelics, en el impacto trágico sino que celebra la existencia, con algunas pizcas de humor ingenuo y entrañable, demostrando cómo los recuerdos compartidos se convierten en un refugio indestructible frente al olvido.
La dramaturga, protagonista y amiga
Sonia Novello, tras reflotar esa historia que vivió, escribió y personificó, respondió a la entrevista de El Café Diario para hablar sobre la obra y sobre su querida y añorada amiga ausente.
Si este relato tan fuerte como real hubiese ocurrido veinte años antes, seguramente uno buscaría la respuesta en la represión y persecución de aquella época, ¿no?
Sí, sí, todo fue real, tal cual como se ve en la obra. Y lo de la represión por cuestiones políticas o sociales, no tuvo nada que ver en este caso. Por eso siempre lo aclaro, porque ya llevábamos varios años de democracia cuando Mónica desapareció.
Un misterio total, como planteas en la obra.
Exacto, es un misterio realmente lo que pasó. En esa época no había redes, ni tantas herramientas de difusión como en la actualidad. Encima, sus padres eran muy mayores y no tenían familia acá y eso le dio una cierta vulnerabilidad. Se hizo la denuncia a la policía, y después no pasó nada. Yo tampoco hice mucho en ese momento, con mi familia vivíamos en la misma cuadra y decíamos, bueno, se habrá ido y ya va a volver. Hubo muchas conjeturas en el barrio, pero nunca se supo la verdad.
Siendo tan amiga y tan cercana, ¿tuviste algún indicio o sospecha que Mónica podía dejar todo y desaparecer así?
No, no. Para nada. Hay varias conjeturas, como te dije. Mi mamá, por ejemplo, piensa que se pudo haber suicidado en el mar. Mónica tenía un delirio místico muy fuerte, un vínculo grande con la religión. Su sueño era ser monja de clausura, y sentía mucha frustración porque eso no se le daba. Pero bueno, eso dice mi mamá. Otros dicen que se enamoró del cura.
¿Pasó eso?
En un audio que pasamos en la obra, se cuenta que el cura, que estaba desde hacia veinte años en esa iglesia, fue trasladado a Córdoba unas pocas semanas después de la desaparición de Mónica. O sea, ahí también hubo algo. Pero la verdad es que certezas no hay.
¿Dónde está Mónica? tiene muchos recuerdos y referencias de la niñez y los juegos.
El teatro nos permite un poco esto, rescatar y un poco también hacer lenguaje con el recuerdo. Como sabemos, cada uno recuerda del mismo hecho algo diferente. Pero sí, yo quería enfocarme en nuestra infancia, que fue lo que más viví con ella. Los juegos, jugar en la vereda. teníamos tiempo para aburrirnos, por suerte. Entonces éramos creativas y hacíamos fogatas y jugábamos a imaginar cosas. Lo que hacíamos los chicos y chicas de aquella época.
Además de tener como eje central la desaparición de tu amiga y momentos de la infancia, también se nota la identificación y una especie de nostalgia con ese barrio, esa esquina de Viel y Zuviría…
Del barrio tiraron casi todas las casas abajo para construir la autopista. Les dieron a los dueños dos mangos para que se vayan a otro lado a alquilar. Y fue muy fuerte eso, porque fue justo en la vereda de enfrente, donde jugábamos y andábamos. Nosotros, nuestras familias, nos salvamos de casualidad pero nos tiraron abajo la escuela a la que íbamos. Fue algo arrasador, y a la vez el baldío se convirtió en un patio de juegos también. Hoy es impresionante ver como el barrio cambió muchísimo, desde los porteros eléctricos donde estaban esos viejos timbres; la seguridad también. Pero esa esquina de la casa de ella está intacta, intacta; es como que quedó ahí detenida en el tiempo. Los vecinos la cuidan.
Actuar en la esquina emblemática
Justamente en esa esquina hicieron una función de ¿Dónde está Mónica?, ¿cómo resultó esa experiencia?
Sí, fue algo emocionante con la presencia de vecinos y la esquina justo ahí. Hicimos esa función, con el apoyo de la Comuna 7, justo en esa esquina. Fue hermoso, la verdad, hermoso y fue muy especial. Había personas que se acordaban de la historia, otras no. Y algunos no querían saber nada, los más grande, los que la conocieron o que se acordaban de los padres que murieron muy viejitos y solos.
¿Tenés la ilusión de que Mónica aparezca algún día?
Yo siento que no, porque ya tendría que haber aparecido. De grande la busqué, por supuesto, cuando aparecieron las redes lo primero que hice fue buscarla. Hay un montón de sitios donde se busca gente. Pero nada. En los padrones aparece su nombre.

¿No pudo haberse ido del país?
No lo creo, no sé. Hoy en día con las redes sería medio difícil no encontrarla en cualquier otro país. Podría ser, qué sé yo. Claudia siempre me hace el chiste de que va a aparecer después de una función y me va a decir: Che, boluda, soy yo, acá estoy, dejá de hacer drama.
Sigamos con esa fantasía, con Mónica sentada entre los espectadores y viendo la función, ¿cómo crees que reaccionaría ella?
Ay, ¿sabés que lo pienso eso? Yo creo que estaría contenta. Porque era tanto lo que disfrutábamos jugar en la vereda después de ir al colegio mañana y tarde y después salir a la vereda y esa fuerte amistad.




Publicar comentario