Abril Sosa: la pulsión de crear

Abril Sosa: la pulsión de crear

Por Mirtha Caré (eme.care@elcafediariook.com)

Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)

Músico, compositor y artista, Abril Sosa encontró, después de que la industria discográfica le cerrara las puertas, una forma propia de defender su trabajo y explorar nuevas maneras de compartirlo por fuera de los circuitos tradicionales.

Desde la web abrilsosa.com vende sus discos, ofrece EP gratuitos y propone conciertos virtuales con aporte voluntario. También encontró en el correo electrónico una forma de mantener un vínculo cercano con quienes escuchan su música. Fue a través de ese mismo medio que desde El Café Diario® nos pusimos en contacto con él, y Abril se sumó a esta entrevista con muy buena onda. En ella, habla sobre la autogestión, el vínculo con su público y el cruce entre música, poesía y pintura.

Seguir a pesar de las dificultades

Con el lanzamiento de tu disco Un hombre sentado en un cuadro de Chagall y tus recientes Eps: Posdata y Epílogo, tomaste la decisión de retirar tu obra de las plataformas tradicionales para venderla de forma independiente en tu web. ¿Cómo llegaste a ese punto?

La decisión de vender el disco a través de mi web no fue tomada como una decisión feliz, ya que en verdad no lo hice porque quise, sino porque la misma industria, al cerrarme las puertas, me obligó. Todas las compañías discográficas me dijeron que el disco estaba buenísimo pero que no les interesaba, así que no encontré otra manera de sacarlo. Por otra parte, a sabiendas de todo el mundo, lo que pagan las plataformas digitales es una miseria, y un poco cansado de verme reducido a esa miseria de otros, decidí sacarlo de esta manera.

Abril Sosa, junto con Cuentos Borgeanos, en el recital que compartieron en Niceto Club, en febrero de este año.

¿Qué pusiste en juego y qué ganaste? ¿Cuál fue la respuesta de la gente?

Creo que no puse nada en juego y no gané nada con esta decisión, más que seguir un deseo profundo y genuino sobre el valor de mi obra. Lo que traté de hacer es defender mi obra. Siento que la respuesta en el núcleo de los fans más cercanos, de los seguidores que realmente están interesados en lo que hago, fue hermosa: compraron muchísimos discos.

Te declarás en disidencia con el mundo digital, pero encontraste en el correo electrónico un refugio para conectar con tu público. ¿Qué tipo de devolución te permite generar ese intercambio con quienes te escuchan?

Utilizar el correo es parte de la misma búsqueda. En un mundo metacomunicativo, en donde estamos todos tratando de mostrarnos, todos tratando de promocionar lo que hacemos, se hace muy difícil a veces llegar a las personas. Me di cuenta en el último tiempo que llegar a través de Instagram es muy difícil –tengo TikTok, tengo Instagram, no tengo Facebook por suerte–, pero me pasaba que había muchos seguidores que de repente no se enteraban de las cosas que estaba haciendo, y me pareció en el correo encontrar un espacio mucho más personal y de un interés mucho más claro y cercano para los seguidores.

Abril Sosa conversó con El Café Diario sobre autogestión, música, literatura, pintura y sobre ser y sentirse artista (Foto: gentileza del entrevistado).

Conciertos sin precio fijo: una idea pendiente

Decidiste que tus conciertos virtuales no tengan un precio fijo, sino que cada persona aporte lo que quiera o pueda. ¿Sentís que esta propuesta funciona como esperabas?

Lo hice una sola vez hasta ahora, el domingo 11 de octubre desde Berlín. Aunque la recaudación fue menor que la de un concierto online anterior con entrada fija, fue gratificante saber que muchas personas que quizás no tenían el dinero para participar pudieron hacerlo. Y fue doblemente gratificante ver cómo personas que ya habían participado de shows anteriores esta vez aportaron mucho más de lo que vale una entrada. Fue una decisión gratificante y, por supuesto, la quiero seguir repitiendo.

¿Imaginás que esta forma de trabajar podría sostenerse a largo plazo o todavía estás probando, corrigiendo y buscando un modelo posible?

Ojalá que pueda ser a largo plazo, la verdad, porque me encantaría poder llevarlo al mundo de la fisicalidad, es decir, poder hacer lo mismo en un concierto. Pero bueno, tiene que haber una gran responsabilidad de la gente que sí tiene dinero de decir: «Bueno, si yo lo tengo, lo voy a poner, no me voy a hacer el sonso», porque eso sería un gran problema, ¿no? Cuando vos vas a un lugar tenés que pagar un alquiler, un sonido, gente que trabaja arriba del escenario, y si no juntaste el dinero necesario, eso puede ser un problema.

Música y poesía

En tus correos te mostrás muy afectuoso, descontracturado y con mucho sentido del humor. ¿Cómo sos en la vida cotidiana? ¿Te reconocés en ese «Don Aprile» que aparece en tus mensajes?

Sí, por supuesto, en los correos soy «Don Aprile». Pero sí, realmente, si venís a un concierto mío o si nos cruzamos en la calle, o quizás a veces en las entrevistas también, yo soy una persona muy humorística que utiliza el sentido del humor también para salir a veces de mis inseguridades. Y en los correos encuentro esa facilidad para abrirme, para desnudarme, para salir del papel de artista que nunca me gustó.

Y hablando de esa intimidad que se lee en tus mensajes, tus canciones también tienen una dimensión muy poética que además se traslada a la estética de tus shows. ¿Cómo se fue construyendo esa relación entre música y poesía?

Mi relación con la música y la poesía tiene el mismo génesis, por así decirlo. Es decir, la literatura, la pintura y la música comenzaron para mí en el mismo punto de mi vida, que se fecha más o menos cuando yo tenía entre 11 y 12 años, quizás un poquito menos, que fue cuando empecé a tocar la guitarra. En esos mismos meses me llega el primer libro de Borges a mis manos; en mi casa había libros de Edgar Allan Poe, estaba el Martín Fierro, había enciclopedias, pero no había una biblioteca como tal.

Y ambas cosas me llevaron a una fascinación también por el arte plástico, por el cual yo tenía mucha facilidad desde chico. Recuerdo que también a esa edad me compré por primera vez en el Museo de Bellas Artes una lámina de Monet. Es decir, que todo el arte en general se me fue entremezclando junto y en un mismo tiempo.

Abril Sosa, en Niceto Club, en un concierto pleno de música y emociones.

Un artista sin solemnidad

Y en tu día a día, ¿sentís que la pulsión creativa puede aparecer por igual en la música, la literatura y la pintura?

En relación a lo que venía diciendo, yo creo que sí. Sin ser un bohemio, sin caer en la bohemia, me siento un artista, siento que todo lo que hago tiene esa pulsión artística, esa fascinación por las cosas, esa fascinación por profundizar en ciertos aspectos de la vida y del arte en general. Entonces, yo me siento y vivo como un artista, pero quitándole lo solemne a la palabra artista, simplemente con el sentido más dulce de la palabra artista.

Desde 2021 estás radicado en Madrid, España, ¿cómo influye la distancia geográfica a la hora de escribir? ¿Sentís que se compone diferente desde la nostalgia o el desarraigo?

Sí, influye muchísimo, por supuesto. Creo que todo nos modifica, creo que los paisajes nos modifican, las ciudades, las personas, las relaciones, los libros, las películas. Todo es alimento de ese modificarnos y de ese repensarnos como seres que transitamos en la vida.

Y la ciudad de Madrid tiene algo para mí como una dualidad, porque es una ciudad hermosa, tranquila, muy diferente de lo que es Buenos Aires, pero por otra parte le falta el candor artístico que Buenos Aires tiene –ciudad donde viví gran parte de mi vida, también viví muchos años en Nueva York, ahora estoy pasando mucho tiempo en Berlín también–. Entonces, no resulta una ciudad completamente inspiradora para el arte, pero sí resulta una ciudad muy linda para vivir. Y, en definitiva, todas esas cosas son las que entremezcladas terminan siendo objeto de creación artística.

¿De qué te estás nutriendo como oyente y lector? ¿Hay algún libro, artista o canción que te haya acompañado especialmente en el último tiempo?

La verdad es que hace un tiempo largo que simplemente estoy releyendo, estoy reviendo películas, y estoy asistiendo a los museos en busca de los clásicos y de artistas que ya admiro. Creo que me siento con las puertas cerradas hoy en día para nuevas cosas: no las estoy entendiendo, no las estoy sintiendo como tal, y por momentos me basta con lo que tengo. Es decir, esta progresión o esta sensación progresiva que uno siente respecto al consumo artístico dejó de ser interesante para mí, y me estoy dedicando a la relectura. Hoy mismo, por ejemplo, estoy con El viejo y el mar, de Hemingway.

Abril Sosa presenta su nuevo disco, Un hombre sentado en un cuadro de Chagall.

No hay romanticismo en la autogestión

En este presente de autogestión y pensando en lo que se viene, ¿qué les dirías a los lectores de El Café Diario® que siguen de cerca tus pasos?

La verdad es que, como decía al comienzo, no me considero un artista autogestivo por convicción, por ideología o porque quiero; simplemente la industria de la música me empujó, me abandonó, por así decirlo, y me vi obligado a defender mi arte, a defender mis canciones, y a seguir caminando con ellas de la forma que sea –eso algo que nunca se abandona–. Así que lo que puedo recomendar es que no sean autogestivos.

Ser autogestivo en el arte es casi como ser un freelancer en otro tipo de trabajos, y muchas veces equipos de gente, compañías discográficas, equipos de management siempre son muy gratos para trabajar, porque uno, como decía Gurdjieff, uno no puede hacer las cosas solo, siempre las tiene que hacer con alguien.

Para estar al tanto de las novedades de Abril Sosa, te recomendamos visitar su web oficial, suscribirte a su canal de YouTube @abrilsosaoficial y sumarte a su comunidad en Instagram.

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