Lo que se ve y lo que se siente
Por Lola López (lola.lopez@elcafediariook.com)
Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
Uy.
Era duro.
Y áspero, como un rallador o una piel de iguana, fría y con muchos granitos. Esa fue la segunda sorpresa (desde lo táctil) al visitar la muestra Coraza fantasma de la artista visual Josefina Labourt. Sí, la segunda, porque la primera sorpresa fue ver las obras en sí mismas y tener la sensación de estar frente a cuerpos no-cuerpos petrificados y, a la vez, vivos, atravesados por el tiempo.
Lo físico al servicio de lo emocional
«Entiendo la cuestión de la coraza en relación a las defensas corporales que vamos construyendo y pienso la palabra ‘coraza’ vinculada a la piel, a la protección y a la vulnerabilidad, mientras que la palabra ‘fantasma‘ viene más desde lo que se percibe, de una construcción subjetiva y de las emociones», describe la artista.
En este contexto, Josefina considera que la coraza física está al servicio de lo emocional. Y al observar sus esculturas y pinturas tiene mucho sentido, sobre todo porque, además de artista, es terapeuta corporal con estudios en bioenergética. Quizás es por esta conjunción de elementos que al entrar en esta sala de la Galería Piedras el propio cuerpo del visitante se siente interpelado y dan ganas de moverse a través de las obras, de tocarlas, de hablarles, de sentarse al lado, de poner piel contra piel, si eso fuera posible.
De algún modo lo es, porque según Guadalupe Chirotarrab, curadora de la muestra, «la piel es un dispositivo corporal de frontera que se despliega en un territorio contingente y mediado por una ficción ineludible: la distinción entre interior y exterior». De nuevo, tiene sentido, porque las piezas creadas por Josefina exhiben el color (los colores) de la piel a lo largo de una vida, en la que el tiempo cambia las tonalidades y las texturas, donde aparecen arrugas, venas y músculos que se van ablandando. «La paleta de colores es un elemento que me interesa mucho desarrollar en mis obras y es una paleta relacionada con el cuerpo. Hay algo en mirar ciertos tonos de piel, las manchas, las marcas… todo eso es un estudio que vengo realizando hace bastante».
La búsqueda del cuerpo y el espacio
Josefina cuenta que «viene de la pintura», de un intenso trabajo con el óleo y las veladuras: «En esta muestra también hay ‘piezas de pared’, un híbrido entre la escultura y la pintura porque me interesa ese diálogo entre ambas y la posibilidad de la pintura que ‘sale’ de la pared, o que se vuelve un cuerpo», detalla. «Empecé a necesitar algo más, que la obra generara otro efecto sobre el cuerpo: sobre el mío y sobre el de la persona que la está viendo. Es desde ahí que comencé a explorar con la escultura, con elementos más tridimensionales y que salen al espacio, ya sea desde la pared u ocupando el piso. Me encanta que las obras funcionen como disparadores de algo corporal en el espectador».
Una puesta fantasmal
Con respecto a la puesta, desde la curaduría, Chirotarrab describe: «Queríamos articular un recorrido en la sala, así que generamos divisiones a partir de telas/pieles que permiten delimitar ciertos sectores y, al mismo tiempo, funcionan como veladuras a través de las cuales los cuerpos (las obras) se vislumbran de una manera medio fantasmal; aprovechamos también la arquitectura del lugar, sobre todo un ventanal enorme que permite tener luz natural».
Este interés por el paso del tiempo, más la relación estrecha de la artista con sus abuelos se afianzó en 2018, cuando empezó a trabajar con adultos mayores. «La materia se va cargando a medida que le van pasando cosas, la materia tiene memoria y cada obra es una prueba de eso», reflexiona Josefina. «Lo vivo está siempre en transformación y su fragilidad reside en que puede morir en cualquier momento, lo cual incomoda porque no se puede controlar. Me interesa esa posibilidad de aceptar que las cosas cambian, que la materia se transforma y que no todo puede permanecer igual. Que algo se modifique, se deteriore o incluso desaparezca, también es parte de estar vivo».
Josefina Labourt: «Coraza fantasma».
Del 19 de septiembre al 14 de noviembre.
Miércoles a sábado, de 14 a 19.
Perú 1065, San Telmo.







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