«La lección de anatomía», un éxito que nunca pierde vigencia
Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)
Resaltar la excelencia y calidad de una obra teatral que se estrenó hace 54 años y que con el paso del tiempo, y con renovación de elencos obviamente, siempre mantuvo su vigencia resulta una obviedad. Esa resistencia a las décadas transcurridas ratificando su permanencia y poder de atracción es la mejor prueba.
Es el caso de La lección de anatomía, un espectáculo introspectivo que apela a la sensibilidad, la catarsis, el juego y la emoción. Pueden cambiar modas, estilos de vida o tecnología, pero las conductas y reacciones humanas y psicológicas no varían. Y esta obra lo refleja de manera auténtica y sin ocultamientos.
Los actores y actrices de La lección de anatomía desnudan sus cuerpos y sus almas, causando polémica y enfrentando a la censura durante la última dictadura militar, dándole espacio a sus posturas ante la soledad, los miedos, la muerte, los mandatos impuestos, el éxito, los deseos, la libertad, la autonomía, la vulnerabilidad, el abuso y las contradicciones. Y sobre todo, flota una cercanía emocional con el público.

El origen de La lección de anatomía
Escrita por Carlos Mathus, dramaturgo y director argentino nacido el 24 de marzo de 1939 y fallecido el 17 de marzo de 2017, La lección de anatomía no tuvo su debut en un ámbito teatral. Se presentó por primera, y estaba destinada a ser la única, vez en el Congreso Mundial de Medicina Psicosomática, en el hotel Sheraton en 1972.
Debido a la buena repercusión obtenida en ese encuentro de la salud, al año siguiente se trasladó a las salas de teatro y continuó ininterrumpidamente, aunque con algunos cambios de locación, hasta 2008. No sólo en el país se montó la obra, sino que también hizo giras por Uruguay, Paraguay, Venezuela, Chile, Brasil, España y Austria.
Volvió a irrumpir en escena en 2017, de la mano del director, actor -fue parte del elenco original-, dramaturgo y productor Antonio Leiva, pareja de Mathus y junto a él, administrador del teatro Empire. Conmemorando el medio siglo de su creación, La lección de anatomía se presentó en la mítica Avenida Corrientes durante dos temporadas.
La versión actual
En este 2026 arrancó nuevamente en el teatro Empire, con un elenco integrado por Camila Vaccarini, Marcos López, Omar Ponti, Natalia Duzdevic, Agustina Sena, Franco Genovese y Cristian Frenczel, con Sebastián Pérez como asistente en escena y con dirección de Yamila Gallione.
Al ingresar al recinto, actores y actrices le dan la bienvenida al público, previo subir al escenario y desnudarse complementamente. Así empiezan, con una desnudez física, que luego, ya vestidos todos de blanco, se tornará una desnudez emocional.
Tras unos minutos de quietud absoluta y luego de unos movimientos coreográficos entran de lleno, con su vestimenta, en los diálogos, siempre acompañados de una gran intensidad y despliegue físicos. Un dato más: no usan nombres ficticios en escena, cada uno es nombrado por su auténtico nombre de pila. Y la brillantez artística de los siete reluce en todo momento.

La voz de la experiencia
Omar Ponti, actor y bailarín de tango, es el protagonista con mayor experiencia de La lección de anatomía. Su recorrido artístico incluye, además, Galería, El reñidero, La Yoli de Lanús, Tangos al rojo vivo, HyC Tango+Muñecas electro, entre otras.
¿Cómo explicás que La lección de anatomía mantenga intacta su vigencia, más de medio siglo después de su creación?
Yo siempre digo que la vigencia de la obra es que los conflictos que trata no pasan de moda. Son los conflictos existenciales del ser humano con sus hijos, con la lucha por el éxito, la programación; son permanentes.
¿Cuál fue tu contacto inicial con esta obra? ¿Cuándo fue la primera vez que la viste?
Bueno, La lección de anatomía fue la primera obra de teatro que yo vi en mi vida. Después empecé a estudiar teatro y fue la primera obra que hice como actor.
¿Qué significó ser parte de esta obra tan exitosa y seguir participando en el presente?
Es una obra que me marcó toda mi carrera porque, como te dije recién, fue la primera que hice. Después estuve en muchos proyectos, pero ésta la hice cuando estaba terminando el conservatorio. Entré en un grupo de gira y estoy desde hace ya 33 años haciendo esta obra. Hice todos los personajes, trabajé con Mathus, trabajé con Antonio Leiva, un placer inmenso. Así que bueno, muy feliz.
Una obra que atraviesa generaciones
Refleja sin esconder nada todas los aspectos de la naturaleza y la conducta del ser humano, ¿no?
Sí, y lo interesante es que hay gente que viene con otra generación. Vienen con hijos, con nietos. Y en cada etapa de la vida vos te vas a reconocer con un personaje. Por ejemplo, yo durante mucho tiempo de la vida me sentía que era el empleado; llegaba tarde a todos lados, hacía veinte mil cosas a la vez. Ahora ya estoy en otra etapa, ya estoy más de padre, por eso estoy haciendo de padre.
¿Qué sensación te da ese saludo con el público, bajando del escenario para darle la mano y mirarlo a los ojos?
El saludo final… Yo creo que esta obra lo que tiene es que es totalmente atípica. Directamente recibimos a la gente y el final es una forma de cerrar la ceremonia, haciendo contacto con el público como lo hacemos nosotros. Nos desnudamos y cumplimos los roles y después al finalizar la ceremonia hacemos contacto, nos tocamos, nos reconocemos con el otro. La idea es reconocerse con el otro.
¿Cómo es el entrenamiento para bancarse los 90 minutos de la obra, con ese despliegue físico tan grande?
Cuando yo empecé, me acuerdo que era todo un desafío. Después llega un momento en el cual uno, con tantos años que la hace se acostumbra. Igual, uno sigue entrenando, ya sabe que cuando la temporada se corta hay que seguir entrenando para volver bien en la próxima temporada. Hay que agarrar el ritmo, porque es una técnica muy particular, hay que saltar y hablar como si no se notara. Una vez que uno ya lo consigue es como andar en bicicleta. Que al principio te caés veinte veces y después te sentás y andás y andás.
La voz de la juventud
Camila Vaccarini está en acción por duplicado en la actualidad: además de su papel en La lección de la anatomía, los sábados, actúa en Y con esta luna… Cartas desde la cárcel, los domingos, y en Un hombre peligroso los viernes y domingos. Y a su actividad artística le suma la profesión de terapeuta holística.
¿Cuál es el secreto de La lección de anatomía para perdurar en el tiempo?
Me parece que un poco tiene que ver con algo del traspaso histórico entre compañeros. Desde que ingresé noté como que hay algo de transmitir la experiencia personal, más allá de la dirección, que es súper importante. Tengo compañeros que están muchos años haciendo la obra y la verdad es que hay algo muy humano en esto de cómo una ingresa en el elenco y de a poco va empezando a recuperar las raíces de lo que fue el proyecto.
Dijiste «muy humano» y eso se nota mucho en lo que transmite la obra, lo que muestran ustedes desde el escenario, ¿no?
Es una obra que justamente nos hace cuestionar mucho sobre lo que es la humanidad verdadera y también hay algo del encuentro, ¿no? Es muy importante, no solo entre los seres humanos arriba del escenario, sino también abajo con los espectadores. Actores y espectadores.
¿Cuándo fue la primera vez que viste la obra como espectadora?
La obra no la había visto antes de hacerla, imaginate. La vi en el mismo casting, de manera virtual porque está grabada y vi a ex compañeros que la habían hecho en 2018 y 2019. Ésa fue mi introducción. A partir de ahí hice el casting y empecé.

Por lo que estás contando, y por lo que se percibe desde la butaca, la complementación con tus compañeros de elenco tiene una incidencia muy positiva, ¿correcto?
Sí. Es un gran equipo artístico y humano. La verdad que creo que son dos cosas que en el teatro se valoran mucho. No solo el talento, sino la capacidad de esto que te decía, de poder transmitir la experiencia propia y también ayudar al otro a crecer. Creo que eso hace que la obra esté buena y que no haya protagonistas, sino que la protagonista es la obra.
¿Cómo es tu preparación para sostener el fuerte ritmo físico que tiene la obra?
Sí o sí tenemos que entrar en calor, tanto la voz como el cuerpo, de manera bastante intensa. Yo a veces no llego al teatro a hacerlo, pero lo hago en mi casa. Es muy importante eso. Y también elongar después, porque hay algo de la adrenalina de estar en escena que a veces hace que una se olvide del cuerpo y las necesidades concretas. Pueden aparecer dolores y la idea es seguir haciéndola un montón de tiempo más, así que es importante no lesionarse.
Un desafío que no pierde vigencia
Vos no habías nacido, pero hubo un época que La lección de anatomía, por los desnudos y por su argumento contestatario y desafiante, debió afrontar polémicas y amenazas de censura.
Sí, ahora un poco aflojó eso. Aflojó, pero sigue llevándonos a replantearnos cuestiones muy intrínsecas de nuestros sistemas de creencias, de estructura, de pensamiento, de personalidad. Hay algo de lo que te decía del encuentro, de lo humano, de lo vincular, que atraviesa todas las escenas.
¿Sentís que el público sale impactado y reflexionando?
Casi todos los conflictos que hay en la obra son intrapersonales, familiares, laborales. Creo que sí, que hay algo que deja al espectador muy cargado de reflexiones y cuestionamientos.
¿Qué valorás de ese contacto directo con el público al final de la obra?
Bueno, creo que es esto, justamente, el reconocerse como iguales. Creo que hay algo ahí, muy mágico que se genera con la gente. La gente no se espera ese momento de reconocimiento y menos físico. Estamos en la era digital, que hace que estemos muy solos. Y hay algo del contacto humano, de agarrar la mano. Solo el hecho de mirarse a los ojos un ratito y reconocerse, encontrarse, que ya hace que genere un alivio. Yo lo siento de esa manera.
La lección de anatomía
Hipólito Yrigoyen 1934, CABA
Sábados, 20.30 horas
Entradas en boletería o por Alternativa Teatral






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