¿Libres o dominados? El dilema de «El gran Inquisidor»

¿Libres o dominados? El dilema de «El gran Inquisidor»

Por Luján Gassmann (lujan.gassman@elcafediariook.com)

Edición: Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)

En un clima oscuro y cargado de tensión, El gran Inquisidor llega al escenario del Teatro El Convento para interpelarnos sobre el poder, la fe y la condición humana.

Esta adaptación de Martín Barreiro sobre la obra de Dostoievski nos sumerge en un interrogatorio brutal que, lejos de ser una pieza de museo, dialoga directamente con las sombras de nuestro presente.

El Café Diario® conversó con Fernando Blanes, uno de los protagonistas de esta parábola inquietante, para entender por qué la voz del Inquisidor sigue resonando con tanta fuerza en la sociedad actual.

Fernando López y Bruno Chmelik , la dupla humana de El gran Inquisidor (Foto: gentileza Prensa de la obra).

El interrogatorio más incómodo de la literatura llega a la escena porteña

Si tuvieras que resumir El gran Inquisidor en una sensación más que en una historia, ¿qué debería sentir el espectador al salir del teatro?

Dudas, creo que es la mejor manera de resumir la historia. Toda certeza hoy es puesta en duda y creo que esta historia imaginada por Dostoievski lleva a eso, a que esta seguridad inventada se ponga en duda, y en todos los aspectos. La obra sacude y lo hace sin miramientos.

¿Qué parte de este personaje de Dostoievski te incomodó más al interpretarlo?

El inquisidor es alguien que ha hecho de lo monstruoso algo cotidiano y en esa perspectiva interesa porque nos habituamos a lo malo, al odio, al cinismo, a la indiferencia.

¿Por qué creés que eso también interpela al público?

El espectador siente que algo va dirigido a él, porque la obra refleja nuestro hoy de manera frontal, sin cobardías ni bravuconadas.

Un debate entre dos personajes pone en tensión los límites entre el bien y el mal (Foto: gentileza Prensa de la obra).

El dilema que sacude al Teatro El Convento

Hay algo muy actual en esta obra. ¿Sentís que el texto nos habla directamente de nosotros, hoy?

Sí, desde el comienzo hasta el final la obra nos refleja, refleja esta realidad que sufrimos. Los clásicos tienen esa capacidad, porque desnudan al ser humano y lo expone. Y el hombre, en esencia, siempre es el mismo. Sí, repetimos errores y la obra nos dice el porqué.

Si pudieras decirle una sola frase al público antes de que entren a la sala, ¿qué les dirías?

Que escuchen los textos y emprendan el viaje que proponen.

En la última función hablaste del momento crítico de la cultura y puntualmente del teatro. ¿Por qué es importante apoyar al teatro independiente?

Porque está desamparado y es una actividad que necesita apoyo, un engranaje que va desde las salas hasta la formación de compañías que necesitan del apoyo del Estado, que hoy está ausente. Dependemos del público que tiene la posibilidad de apoyarnos con su presencia.

El gran Inquisidor plantea ideas sobre la naturaleza humana y la libertad, y su ambigüedad (Foto: gentileza Prensa de la obra).

¿Qué tiene de particular el Teatro El Convento?

Es una sala atípica porque está emplazada en un lugar único de Buenos Aires, un convento real, que data del año 1603. Lo místico y el teatro son una conjunción explosiva para el imaginario, el lugar es mágico y encierra el misterio, algo que representa al teatro.

¿Por qué pensás que los tienen que ir a ver?

Porque además de ser una obra maestra de la literatura, asombra verla escenificada, nos lleva a una historia alucinante, controversial y nos adentra en el fascinante mundo de Dostoievski.

El gran inquisidor

Teatro El Convento

Reconquista 269, CABA

Todos los sábados a las 22 horas.

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