Glub!; un náufrago que resiste con poesía y esperanza

Glub!; un náufrago que resiste con poesía y esperanza

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)

Glub! Ejercicio de supervivencia es una obra teatral dramática ante la cual es imposible mantenerse indiferente desde la butaca. Se trata de una experiencia que va más allá de un náufrago a la deriva por un mar incierto y hostil, sobre una modesta balsa de madura; es un desafío para transitar sensaciones humanas y sociales con una abundante dosis de poesía y metáforas.

El unipersonal, guionado y actuado por Pablo Razuk y con dirección de Martín Ortíz, abarca a partir de la soledad el coraje para encarar riesgos y dificultades en el camino; para encontrarle una salida esperanzadora a un presente plagado de contratiempos. Los obstáculos son constantes y surgen situaciones algo absurdas. Con un exceso de poesía y un vocabulario depurado, exquisito por momentos, y también citas literarias llevando al cenit el valor de las palabras. 

Un náufrago que no se resigna

En su espléndida actuación, para sobrevivir Razuk recurre a una táctica escénica, física y hablada pero, sobre todo, pensada, para expresar su mensaje. El mar, ácido y peligroso, que lo rodea no es impedimento para sostenerse sobre su balsa –un interesante e indispensable recurso escenográfico– y lanzar sus consignas, que comprenden recuerdos, sueños, paradojas, dudas, memoria y emociones. 

Hay repeticiones, sobre todo referidas a lo temporal, para marcar la monotonía y reincidencia de un presente aparentemente sin solución. Y que sirven para darle sentido y reforzar la idea general. El protagonista en su soledad tiene un «compañero»: un muñeco llamado Poncio, a quien exige respuestas que nunca llegarán, al estilo de Tom Hanks con la pelota Wilson en la recordada película Náufrago

Glub! Ejercicio de supervivencia, con una escenografía y juego de luces que suman mucho.

Un náufrago convincente y sólido 

Acostumbrado a comandar naves que surcan por las caudalosas aguas del teatro, el cine y la televisión, Pablo Razuk ratifica su versatilidad dramática. Actor, director, dramaturgo y docente de actuación, con prolongada experiencia actualmente se encuentra entusiasmado con esta propuesta de Glub! Ejercicio de supervivencia, tema que desarrolló en su entrevista con El Café Diario®. 

¿Cómo surgió el proyecto de este náufrago tan particular?

Este náufrago nació en pandemia, cuando estábamos todos metidos adentro y yo entendí que tenía que buscar otra forma de transitar mis personajes. Yo venía haciendo Severino Di Giovanni, El Padre Mugica, German Abdala, Lorca, Bolívar, y todos tenían, además de una línea ideológica cierta, coherencia en su lenguaje, en su discurso, en su esencia.

Yo quería buscar algo que tocara un poquito el humor, el juego y la poesía. Así empecé a jugar con una idea que parte del Titanic, porque a algún sesudo se le ocurrió en el medio de la pandemia poner Titanic en la programación. Estábamos todos metidos adentro, contando los muertos y te ponen justo esta película en la televisión.

Muy deprimente, ¿no? Justamente un tramo de Titanic, el intento de rescate de sobrevivientes con el clamoroso grito de «¿Hay alguien con vida por ahí?» es proyectado en tu obra.

Ese «¿alguien aquí con vida?» es una frase que se repite en Titanic cuando están buscando precisamente a los náufragos, o caídos al agua. Eso fue el disparador y me puse a jugar con la idea de meter poesía en eso desde un lugar entre simpático y absurdo.  Y empezó a aparecer, casi mágicamente. Empezó a atarse y empezó a aparecer el vestuario, la escenografía, empezó a aparecer todo como una gran catarata de imágenes.

¿Saltar al escenario fue el siguiente paso?

Sí, vine un día y le dije a Martín, un amigo desde hace muchos años, que necesitaba a alguien que primero mirase lo que había hecho y para que me dirija. Me dijo que era una locura, pero empezamos a trabajar. Y la verdad, que con ocho ensayos pudimos, como se dice en la jerga, pararla. Yo tenía muy claro lo que pasaba, pero lógicamente la mirada de Martín fue determinante para sacar lo que sobraba y conducir, valga la redundancia, este barco. 

Pablo Razuk, guionista y actor, y Martín Ortíz, director, una dupla con alta complementación.

Y llegó el momento del estreno.

Hicimos acá, en el teatro El Crisol, tres funciones, tipo preestrenos con amigos. Y nos fuimos a España, la estrenamos en Madrid, en el teatro El Umbral de Primavera. Después volvimos acá, y seguimos con las funciones todos los viernes. La idea es seguir todo el tiempo que nos dé este viaje.

El espectador que acompaña y viaja 

¿Notás que el público se compenetra y se concentra mucho con la obra?

En todas las funciones seguimos encontrando cosas. Y estamos muy felices de lo que pasa con la gente, de lo que pasa en cada función. Que hay un silencio, no solamente el silencio respetuoso del espectador que está siendo educado, sino que se escucha, se percibe un silencio de atención y de presencia en lo que está pasando. Siento que el espectador también está viajando conmigo. Está muy metido, identificado con la obra. Me lo dicen, por eso me animo a hablar así. 

Porque la gente, los amigos, me dicen: «Yo estuve todo el tiempo viajando con vos. En algunos momentos me reía, y en otros me preguntaba: ¿de qué se ríe la gente? si a mí me está aplastando las tripas». La historia, aunque parece todo un juego, de alguna manera te interpela. 

En una parte de la obra, al principio, hablás de humanidad sin humanidad, ¿es un poco el eje del texto? 

Exactamente, es un poco el disparador, es la ausencia de humanidad. Aunque estemos rodeados de gente, puede ser que no haya humanidad. Y un náufrago en el medio de una balsa, como un hombre en el living de su casa, en un sillón mirando una película, está naufragando de la misma manera. Digo que hay algo ahí que no es inherente solamente al agua y al océano, porque uno puede estar naufragando rodeado de gente.

Glub! Ejercicio de supervivencia, una obra que atrapa, sacude y emociona.

 ¿Qué significado tienen esa balsa y ese mar, que pueden no ser los tradicionales, en Glub! Ejercicio de supervivencia?

Hay una serie de lecturas que yo un poco me las reservo,  porque cada espectador viene y hace su lectura. Hay gente que ve un náufrago y hay gente que se ve en un algún conocido o conocida que está en una situación específica o por ahí en sí mismo. El absurdo tiene la particularidad de permitirte hacer la lectura que tu inconsciente te propone. Y entonces no hay una línea directa, concreta.  Aunque la haya, uno puede irse por otras vertientes, por otros vectores y contar otra cosa. Y la verdad que eso es rico. 

Al final, en la despedida y agradecimiento, resaltás el valor de la  poesía, de los libros, de la palabra bien utilizada. Algo que estuvo perfectamente reflejado en la obra.

Sí, la obra esta llena de frases leitmotiv. Frasecitas conocidas de todo el mundo, aunque no hayan leído los libros. Todo el mundo conoce «Ser o no ser», aunque nunca haya leído Hamlet. Son esas frases que son representativas de la literatura que más conocemos, y me puse a jugar para que estuvieran en el texto. También hay algunas, por ejemplo «Vamos a volver», más mundanas, más locales, y encontramos el lugar donde filtrarlas.

Pablo Razuk, en un momento del unipersonal que escribió y personifica.

Glub! Ejercicio de supervivencia

Teatro El Crisol

Malabia 611, CABA

Viernes, 20.30 horas.

Entradas por Alternativa Teatral 

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