«Torrente Presidente»: sátira política sin filtro
Por Gabi Composto (gabi.composto@elcafediariook.com)
Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
Después de años desaparecido, José Luis Torrente vuelve a escena con una nueva obsesión: meterse en política. En Torrente Presidente, el personaje más incorrecto del cine español encuentra en el caos institucional la excusa perfecta para reinventarse –o al menos intentarlo– como figura pública y, como era de suponerse, con todos los gastos pagos.
¿El público está listo para Torrente?
España parece que sí, que lo estaba esperando. A pocos días de llegar a las salas, ya es la más taquillera de la saga y el mejor estreno español en 15 años.
Cancelable por todos lados, aun así Santiago Segura hace que Torrente sea aceptado y aplaudido porque se burla de todas las ideologías. No respeta a ninguna y su crítica a la sociedad española –en especial a sus políticos– hace que la risa se mantenga durante sus 103 minutos.
Torrente Presidente y su salto al poder
Después de más de 10 años fuera del radar, José Luis Torrente regresa con una ambición desmedida: conquistar la política. En Torrente Presidente, el personaje creado por Segura encuentra en el desorden institucional el escenario ideal para volver a sentirse protagonista.
Por supuesto que nada cambió y sigue en la suya: vive entre deudas, delirios conspirativos y una nostalgia absurda por un pasado que nunca fue mejor. Pero por pura casualidad, su vida da un giro inesperado y lo empuja al centro de una campaña electoral tan improvisada como peligrosa, rodeado de asesores inútiles, oportunistas digitales y viejos conocidos que preferirían no volver a verlo.

Torrente Presidente: una saga que no cambia (ni quiere)
Esta sexta entrega continúa el camino iniciado por Torrente, el brazo tonto de la ley, y consolidado en títulos como Torrente 2: Misión en Marbella, Torrente 3: El protector, Torrente 4: Lethal Crisis y Torrente 5: Operación Eurovegas.
No intenta cambiar la fórmula ganadora: la reafirma. Y en ese gesto hay una declaración clara. Torrente no evoluciona porque representa justamente lo contrario: un modelo que se resiste a cambiar, incluso cuando el contexto le da todas las señales y lo deja en evidencia.
Humor incómodo y política sin filtro
La nueva producción del personaje español más cancelable de todos apuesta –una vez más– por un humor que incomoda. Y mucho. Mitines caóticos y promesas de cargos públicos absurdos construyen una narrativa donde el límite entre lo ridículo y lo reconocible es muy, muy fino.
La película juega con la idea de que alguien como Torrente puede aspirar al poder, algo que, si lo pensamos bien, hoy día no suena tan descabellado. Ahí es donde la sátira encuentra su punto: exagera, pero no tanto.
Un elenco que acompaña el delirio
El peso absoluto recae en Segura, pero el film suma rostros conocidos de otras entregas que potencian el tono disparatado. Aparecen Gabino Diego, Carlos Areces, Ramón Langa, Cañita Brava y Xavier Deltell, en una dinámica que en forma de aplausos (al menos en la función a la que asistió esta cronista) se hizo cargo de la nostalgia que provocaban.

(Foto: @jorgefuembuena).
Con el sello de Torrente
Como es habitual en la saga, las participaciones especiales funcionan más como piezas de un engranaje caótico que forma parte del juego. Sin spoilear puedo adelantar que algunos cameos están haciendo mucho ruido. Y te aviso que no son españoles.
¿Vale la pena verla?
Torrente Presidente no busca aggiornarse a una época en la que todo es cancelable, que nada cae bien y que hay que cuidarse de con qué se hace humor. Ni de cerca suaviza su propuesta. Es fiel a su espíritu de incomodar.
Para quienes ya conocen el código, la película cumple: excesos, incorrección y una mirada deformada –pero reconocible– de la realidad. Para el resto, tal vez no sea la mejor puerta de entrada al personaje porque puede resultar demasiado.
En definitiva, Torrente sigue siendo Torrente. Y eso es exactamente lo que vino a ofrecer.



Publicar comentario