«Nido de lagarto», dos amantes que resisten el paso del tiempo

«Nido de lagarto», dos amantes que resisten el paso del tiempo

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)

Dos amantes, una historia de amor clandestino, un pueblito rural perdido y un motel, al borde de la ruta, donde se producen los encuentros semanales son la base de una historia cargada de un texto elaborado y que invita a la reflexión y al devenir de destinos que parecen impuestos sin que nadie se atreva a patear el tablero.

Esa es la propuesta de Nido de lagarto, con el Vasco, interpretado por Horacio Acosta, y la Gloria, papel a cargo de Silvina Sabater, dos veteranos amantes que, pese al paso del tiempo -40 años exactamente- mantienen esa pasión y sentimientos. La actuación de ambos incrementa la emotividad y la poesía, con algunas chispas de humor, eleva el nivel de la obra. 

Se conocen desde muy jóvenes y el deseo nunca los abandonó. El nido, el motel que igual que los personajes, va sufriendo el deterio con el paso del tiempo es su refugio eterno. En esas cuatro paredes derruida, igual que su mobiliario, hasta convertirse en un baldío donde se construirá un nuevo barrio, ocurren los sesiones de amor y placer físico entre el Vasco y la Gloria.

La Gloria, el Vasco y un viejo album de fotografías.

Un nido seguro y cerrado 

Ambos tienen sus familias constuidas, a quienes citan bastante en sus encuentros: esposa, esposo, hijos, nieto. Sin embargo, más allá de algunos deseos con más fantasía que convicción, ninguno de los dos se anima a blanquear su relación secreta y darle un giro a sus vidas. Flota la sensación que por momentos sienten arrepentimiento y de no haber tomado la decisión acertada, imaginando que hubiese ocurrido si elegían distinto. 

Esa relación pasional los encuentra, septuagenarios, intentando encontrar un final a su aventura de amor y pasión. Todo parece resuelto, pero la intensidad de sus vidas paralelas no cambia. Otro aspecto de Nido de lagarto es que resalta la sensualidad y la sexualidad de una pareja en su vejez.

El sitio geográfico elegido en Nido de lagartos, con dramaturgia y dirección de Franco Verdoia, es un pueblo rural chico y donde todos se conocen. Pero, por omisión o por desconocimiento, nadie parece estar al tanto del secreto de el Vasco y la Gloria -todos los personajes que se nombran en la obra tienen el artículo definido-; los únicos que lo conocen son un lagarto que se coló accidentalmente en la habitación en el primer encuentro y el dueño del motel, quien guarda absoluta discreción. 

El Vasco, un amante vital

Horacio Acosta, actor con amplio recorrido en teatro, cine y televisión, respondió a la entrevista de El Café Diario®, para hablar sobre Nido de lagarto y su personaje, al finalizar una de las funciones en el Teatro El Extranjero. 

El Vasco y la Gloria son dos personajes que se complementan a la perfección y dicen mucho en sus diálogos y en sus silencios, ¿no? 

Nido de lagarto es una historia de amor, en principio, con todas las contradicciones que aparecen. Y con las contradicciones que tiene cada uno de los personajes. Ella es más expresiva y manifiesta más sus sensaciones. Él solo a través de una borrachera puede decir lo que siente. Pero él después, fresco, tiene que sostener todo para que no se le desarme nada de su vida, que la tiene toda controlada. Inclusive el espacio para la amante. 

 Y es una historia de amor con un enfoque distinto a lo habitual.

Sí, claro, porque hace 40 años que se conocen y son dos adultos ya de más de 70 años. Entonces también habla de esa sexualidad, de esa necesidad de vivir un momento profundo. Ellos no eligieron de otra manera algo que siguen sosteniendo. 

Horacio Acosta, el Vasco, en diálogo con El Café Diario®.

¿Qué influencia tienen la edad de los personajes, la vejez?

Bueno, tiene otra visión a lo mejor, porque estos dos personajes están muy vivos, a pesar de la decadencia del cuerpo, de los olvidos y de muchas cosas. En la obra representamos de alguna manera los olvidos, porque pronto entramos con otras cosas.

Costumbres y humor

También están expuestas y reflejadas las costumbres y caracteristicas de un pueblo pequeño.

Sí, es una obra muy costumbrista. Además de ser tan costumbrista, tiene humor, humor también de costumbre, de la situación. No son chistes comunes, sino producto de esas costumbres de pueblo. Son cosas que devienen de la situación y se expresan así. Pero ese costumbrismo se desarma con el mismo espacio, se va desarmando todo, se va deteriorando y quedando cada vez en la nada, ¿no?

¿Fue complicada la preparación para llegar a la simbosis que se nota en el escenario?

Sí, bastante. Porque es una obra difícil para tratarla y llegar a incorporar esas ideas de cada personaje. Porque tanto Silvina como yo hacemos acá personajes muy distintos a los que hicimos en otros trabajos. Eso llevó tiempo, ensayamos durante un mes y medio, cinco horas diarias incluidas los sábados. Y antes habíamos estudiado el texto y todas esas cosas. No es una obra sencilla de hacer, son dos personajes que tienen que sostener los tiempos y todo.

¿Qué te comenta el público? 

Las reacciones son buenísimas. En síntesis, la gente, la que es de teatro y la que no, me dice que la obra le hizo reír y llorar, que se emociona, con la risa o con el llanto.

Nido de lagarto

Teatro El Extranjero

Valentín Gómez 3378, CABA

Lunes, 20.30 horas

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