Roser Amills y su premiada novela «El librero de Macondo»
Por Mirtha Caré (eme.care@elcafediariook.com)
Edición: Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
La escritora mallorquina Roser Amills ganó el Premio Ciudad de Badajoz 2025 con su novela El librero de Macondo, que será publicada el 6 de mayo de 2026 con la editorial Fundación José Manuel Lara, del Grupo Planeta, ingresando de esta manera al catálogo de títulos premiados en este histórico certamen.
En El librero de Macondo, Amills combina investigación histórica y una dimensión autobiográfica para narrar la relación entre Ramón Vinyes y Gabriel García Márquez. En esta entrevista, que la autora concedió muy cordialmente a El Café Diario®, reflexiona sobre el origen del proyecto, el proceso de escritura y los vínculos entre memoria, literatura y experiencia personal.

Los orígenes de El librero de Macondo
¿Cómo surge la idea de escribir una historia a partir de la relación entre Gabriel García Márquez y Ramón Vinyes?
Empieza por mera curiosidad. Me topo con Ramón Vinyes –catalán, exiliado en Colombia, de Berga como mi familia– porque me invitan a una actividad en la biblioteca de Berga que lleva su nombre, y veo que Vinyes me gusta y está en el origen de algo enorme: el primer lector de Cien años de soledad, el «sabio catalán» de la novela.
A partir de ahí, ya no me interesa tanto García Márquez como mito (que me había fascinado desde muy niña y se me apareció en sueños), sino ese momento en que todavía no es nadie. Un chico inseguro que busca a alguien que le diga por dónde tirar. Y del otro lado, alguien que ya ha pasado por todo: exilio, pobreza, desinterés hacia su obra como dramaturgo, capillitas y traiciones. Toda esa tensión me atrapó.
Cien años de vivencias y emociones
¿Cómo fue el trabajo de producción e investigación para llevarlo a cabo?
Ha sido largo, pero sobre todo muy concreto. Fechas, lugares, edades, trayectos, todo anotado en inmensos mapas que desplegaba en DIN A3. Barcelona, Mallorca, París, Colombia. La Gran Guerra. La República española. Exilios y miedo tras la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. La revista literaria Voces y el posterior Grupo de Barranquilla…
He leído todo lo que he podido encontrar sobre esos más de 100 años que cuento de uno y otro protagonista, y lo importante no era acumular datos, sino usarlos para algo necesario para los lectores. Que cada cosa sirviera para entender aquella relación y sus consecuencias, no para lucirme. Si no, una novela se convierte en otra cosa. Me he esforzado mucho sintetizando y seleccionando lo que me emocionaba y hay pasajes que me hicieron reír o llorar mientras los escribía.

Ramón Vinyes: guía, maestro e interlocutor
Tenemos a un Gabriel García Márquez que aparece en formación, todavía inseguro. ¿Qué te interesaba explorar de ese antes del autor consagrado?
Que no estaba claro que fuera a ser quien fue, ni para él ni para nadie, y a la vez visto en perspectiva sí lo estaba. Eso me interesa mucho.
Hay fascinación por mi parte, sí, pero también las dudas de los protagonistas, la dependencia y las ganas de agradar me hicieron reflexionar. El joven García Márquez necesita interlocutores y se siente solo y perdido. Y ahí aparece Vinyes, con rigor, ironía y generosidad. No como un maestro que se impone, sino como alguien que escucha y responde y es admirado, pero a la vez igual de vulnerable. Ese intercambio es lo que los mueve a ambos.
Ramón Vinyes es una figura clave y poco difundida de la literatura, desconocida incluso en su país. ¿Qué fue lo más inesperado o revelador que encontraste al reconstruir su vida?
Su desgaste. No es una figura brillante en ascenso, sino alguien muy cansado, atravesado por traiciones vitales y derrotas muy concretas: una patria perdida, una lengua desplazada, una obra inusual y atrevida que no encuentra público ni lugar.
Y aun así, logra ser alguien entre los escritores de Barranquilla. Me interesa ese alguien que ya no cree en el éxito, pero que sigue siendo imprescindible para comprender cómo se puede alcanzar el éxito. Es una paradoja muy interesante.

Cuando las experiencias personales encuentran su lugar en la ficción
La novela incorpora un plano autobiográfico. ¿Fue un punto de partida o apareció en el proceso de escritura? ¿De dónde surge esa necesidad?
Aparece más tarde. No estaba previsto. Durante años trabajé la historia que quería contar desde fuera. Pero llega un punto en que eso no basta. Y entonces entran mis monstruos, mis miedos, y venzo la inseguridad mirándolos de frente y contándolo todo.
Por primera vez, en esta quinta novela hablo de las cosas que siempre había dejado fuera: mi infancia, mi padre en la cárcel, mis relaciones de pareja más incómodas. No como confesión, sino porque afectan directamente a lo que escribo, a cómo lo escribo. Ahí la novela cambia.
Macondo aparece como espacio simbólico, pero también como origen. ¿Qué significa hoy Macondo para vos como territorio literario?
Macondo se convierte en una forma de existir para siempre para los protagonistas de la novela y deseo que lo sientan así también los lectores. Así lo he vivido yo y así lo cuento.
No es un lugar y lo es, es la certeza (siempre huidiza, como los horizontes) de que se puede partir de algo muy concreto y hacerlo crecer más allá de nuestras posibilidades sin perder el rumbo. Macondo es memoria, invención, historia y todas las inseguridades como un jardín de flores.
Palabras finales
¿Hay algo que te gustaría agregar?
Sí. Que esta novela también habla de lo que uno cree que no puede dar, y lo da, y de lo que se está buscando sin saberlo, y te encuentra. Ahí nos cruzamos los tres: García Márquez, Vinyes y yo. Cada uno desde su rincón de escribir. Y en los tres casos, la escritura es lo que ordena lo que viene dado –la familia, la historia, las pérdidas– para sanar el miedo y las dudas y convertirlo todo en el logro humilde de comprender que todo el mundo es sabio hasta que se sienta a escribir.
Acerca de la autora
Roser Amills (Algaida, 1974), escritora mallorquina residente en Palma de Mallorca, es autora de novelas, ensayos y poesía. Su obra ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués, ruso e italiano. También ha desarrollado proyectos de dramaturgia, guion y performance, y ha construido una sólida trayectoria como periodista cultural en medios como Catalunya Ràdio, TV3, RTVE-La 2, RNE, IB3, Última Hora y La Vanguardia. Actualmente dirige el programa de radio L’illa sense calma en Ona Mediterrània.





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