«La guerra de los últimos», secretos en el fin del mundo
Por Gabi Composto (gabi.composto@elcafediariook.com)
Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
¿Qué hacemos con nuestra humanidad cuando casi no queda nadie para recordarnos que todavía la tenemos? Ahí es cuando aparece Ridley Scott, que con La guerra de los últimos se mete en un mundo al borde del abismo, donde no está muy interesado en mostrarnos únicamente cómo sobrevivir sino que busca un poco más.
Scott, varias estrellas y el fin del mundo
The dog stars es el nombre original de esta película que sigue al personaje de Jacob Elordi, un piloto que pasa sus días en este mundo post apocalíptico junto a un militar experto en supervivencia, personificado por Josh Brolin. Entre armas, reglas estrictas y un refugio que se esfuerzan por proteger, ambos construyeron una vida solitaria pero que los aleja –dentro de lo posible– de todo el peligro. Mientras, de manera eventual, una transmisión de radio aparece y empuja a Hig (Elordi) a abandonar la seguridad que ya conocía y sabía manejar, para descubrir si todavía existe más allá algo parecido a la esperanza.

El director Ridley Scott encuentra en esta historia un terreno ideal para volver a desplegar su enorme capacidad visual. Como ya es sabido, trabaja con múltiples cámaras, y con su particular técnica de rodaje de 360 grados convierte los paisajes, los vuelos en avioneta y los espacios abiertos en toda una experiencia, donde el apocalipsis de La guerra de los últimos no vive solamente en lo que ocurrió, sino también en todo aquello que quedó vacío.
Elordi –quien en los últimos años pasó de Euphoria a protagonizar títulos como Frankenstein y Cumbres borrascosas– carga la película sobre sus hombros y se presenta junto a su fiel compañero Jasper. A su vez, Brolin aporta el contrapunto perfecto como ese hombre endurecido que desconfía de todo. Completan el elenco Margaret Qualley, como Cima, y Guy Pearce como su padre, junto a Allison Janney y Benedict Wong con papeles menores pero que marcan las diferentes caras de ese momento que vive el mundo.
Los Dolomitas como escenario para Los Últimos
Aunque la historia de La guerra de los últimos transcurre en Colorado, el rodaje se trasladó a Italia. El equipo trabajó en distintas locaciones de Roma y en las provincias de Udine y L’Aquila, pero fueron los imponentes Dolomitas los que terminaron convirtiéndose en las Montañas Rocosas de Colorado.
La granja abandonada que aparece en la historia se filmó en Trasaghis, mientras que la casa de Pops (Guy Pearce) y Cima (Margaret Qualley) se ubicó cinematográficamente en el Parque Nacional del Circeo. La granja menonita y sus alrededores, por su parte, se registraron en Cansiglio y Pian del Cansiglio, en el Véneto.

El talento de los tres Jasper
Hig comparte sus días con Jasper, su inseparable perro. Pero detrás de ese único personaje hubo tres protagonistas de cuatro patas: tres perros romanos fueron entrenados para interpretarlo.
«Había uno entrenado para revolcarse en el césped con Jacob, otro para quedarse sentado y quieto, y otro que sabía atacar, y los tres eran exactamente iguales. Jacob se sentía muy cómodo con los perros, y ellos con él», recuerda Scott sobre la experiencia de trabajar junto a ellos. Elordi, amante de los perros, terminó desarrollando un vínculo especial con Raksha, una pastora belga malinois que interpretó a Jasper.
La guerra con un piloto que hace su magia
Las imágenes aéreas sobre los Dolomitas son otro de los grandes atractivos visuales de la película. Las secuencias fueron filmadas desde helicópteros que sobrevolaban esta impresionante cadena montañosa de los Alpes orientales italianos, junto a un experimentado piloto australiano que vuela avionetas Cessna por todo el mundo.
Sobre esto Elordi dice que «Algunas de las maniobras que hace y los lugares en lo alto de las montañas que se ven en pantalla son cosas que jamás tendrías oportunidad de ver en persona. Hay una toma bellísima de una iglesia enclavada entre dos picos nevados que probablemente nunca llegarías a ver en toda tu vida, a menos que subieras hasta allí caminando».

De Cinecittà a Abbey Road
Scott y su equipo trabajaron en los míticos estudios Cinecittà de Roma, donde Federico Fellini rodó buena parte de sus películas. Allí se construyó el set del aeropuerto. No puedo decir nada más.
La música orquestal del film –compuesta por Harry Gregson-Williams– tuvo otro destino emblemático: los estudios Abbey Road de Londres, donde The Beatles grabaron gran parte de sus canciones.
Conexión con las cámaras apagadas
La relación entre Hig y Bangley es uno de los ejes de la película, y la conexión entre Jacob Elordi y Josh Brolin también se construyó lejos del set.
Durante el rodaje en Italia, y especialmente en los Dolomitas, ambos compartieron largas conversaciones en la locación del hangar. Esa relación fuera de cámara terminó alimentando la química que se ve entre sus personajes.



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