«El hilo de fuego»: cuando el deseo todavía encuentra un cuerpo

«El hilo de fuego»: cuando el deseo todavía encuentra un cuerpo

Por Lola López (lola.lopez@elcafediariook.com)
Edición: Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)

Hay cuerpos que bailan y cuerpos que parecen recordar algo anterior a la palabra y muy anterior a esta forma domesticada de movernos por el mundo. Son cuerpos que se abren, se arrastran, se abandonan y que no parecen obedecer del todo a quien los habita. Pienso todo esto luego de haber visto la obra El hilo de fuego, de Rhea Volij. Cuerpo agua, cuerpo furia, cuerpo relámpago.

La pieza se construye a partir de improvisaciones y de imágenes cuidadosamente trabajadas. No hay una narración que avance de un punto A, a un punto B, ni una historia que el espectador deba reconstruir; lo que hay es un recorrido de intensidades y una invitación a mirar con el cuerpo más allá del «seteo» que tenemos en la mirada.

A través del butoh, la poesía y la improvisación, la obra convierte el erotismo en un fuego que está y no está (Foto: Rhea Volij).

Una fuerza que nos saca de nosotros

«Me interesa trabajar sobre cómo se hace cuerpo el deseo hoy, qué puede el cuerpo y qué significa estar con otrxs en relación al erotismo como fuerza vital«, explica Volij. Y la premisa tiene algo de urgencia: vivimos rodeados de cuerpos exhibidos, editados, embellecidos y convertidos en imágenes para consumir, pero que se encuentran poco. Entonces, la posibilidad de una experiencia física compartida adquiere otra dimensión que en principio no sabemos cuál es, pero que empieza a brotar.

En la escena, esa experiencia se traduce en una «escritura corporal» que alterna contracciones, desplazamientos, sacudidas y aperturas. Los cuerpos parecen negociar con fuerzas que los atraviesan y que les resultan un poco ajenas, como algo que existe pero que no termina de acomodarse a las formas conocidas.

«La idea es que el público pueda seguir trayectos de sensación, dejarse empapar por lo que se desprende de las imágenes como campo de intensidades, de fuerzas que van siguiendo una escucha en el presente de la presencia», resume Volij.

El hilo de fuego comenzó por una pregunta sobre el erotismo y la provocación. Vivimos rodeados de cuerpos exhibidos, pero sin conexión (Foto: gentileza Rhea Volij).

No es inocente

Hay una idea bastante extendida de que el cuerpo es una suerte de verdad original, un territorio natural que habría que liberar de las convenciones sociales. Pero esta, ¿es una idea potente o ingenua? Tampoco lo sabemos, sigo pensando, porque nuestros cuerpos además de organismos son también cultura, lenguaje, mandatos y lo que pasa en nuestro entorno.

Es que el deseo tampoco nace en un espacio vacío. Tiene sus permisos (y prohibiciones), sus formas aprendidas y su parte opaca y, por supuesto, está atravesado por la edad, el género, las experiencias y las representaciones que una época construye sobre lo deseable y lo posible. Quizás por eso la obra no propone una celebración decorativa de la sensualidad ni un deseo de formato convencional. Creo que el fuego del título puede leerse como una imagen de esa vitalidad que no se deja administrar del todo, una mecha que conecta cuerpos y fuerzas. Quizás.

El butoh y dejar de ser

Rhea Volij es una de las referentes de la danza (algunos la llaman «no danza») butoh en Argentina. Bailarina, coreógrafa y docente, se formó en danza contemporánea y clásica y estudió butoh durante cinco años en Francia con Sumako Koseki. Su formación se cruza, además, con las artes marciales, las técnicas corporales, la filosofía y la poesía.

«El butoh se ha ido transformando en lo que hoy me compone, alejándose del temor reverencial a lo que tiene de japonés, para volverse plenamente lo que es: un maravilloso campo de experimentación desde el cuerpo para hacerse preguntas sobre nuestro estar en la tierra en todas sus dimensiones, desde las situadas a las cósmicas».

El hilo de fuego se construye a partir de improvisaciones y de imágenes cuidadosamente trabajadas. No hay una narración lineal ni una historia que el espectador deba reconstruir (Foto: gentileza Rhea Volij).

La definición abre un horizonte. El butoh, surgido en Japón luego de la Segunda Guerra, tuvo entre sus impulsores a Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno. Lejos de las convenciones de la danza académica, exploró las posibilidades de transformación del cuerpo, sus zonas oscuras, sus deformaciones, sus memorias y el vínculo con la muerte, la naturaleza y la propia existencia.

Su maestra Sumako Koseki le transmitió una definición que Volij trae a esta charla: «Butoh quiere decir golpear con los pies en la tierra para convocar a los ancestros. Es un cuerpo receptáculo, que muerto de sus condicionamientos culturales, en la vacuidad busca escucharse como inmenso campo de misterio y conocimiento».

Me queda sonando en la mente esta definición. ¿Será que no se trata de vaciar el cuerpo para dejarlo «sin nada» sino de evitar las respuestas automáticas y dejar espacio para que aparezcan otras cosas? Quizás.

El hilo de fuego

Ficha técnica.

Bailarines: Sheila Dempsey (@shshshei), Eugenia Frigerio Ceballos (@eugenieeeeta), Lucía González Chiappe (@lu.snowy), Vladimir Hansen (@vladimirhansen), Mauro Luno (@mauroluno), Graciela Montoya (@toyaok), Chiara Mosca (@cach0rrro).

Dirección: Rhea Volij (@rheavolij).

Asistente de dirección: Magui Downes (@maguidownes).

Colaboración artística: Rigel Bonany (@rigelodsky), Paula Zacharías (@paulazacharias).

Música original: Fuego Fatuo (@_fuegofatuo) – Matías Azulay (@matias_azulay), Fermín Dublo (@_ferminnnn).

Vestuario y costuras: María Cecilia Ximenes (@chimenita_), Blu Spinotti (@bluspinotti).

Diseño de iluminación: Matías Sendón (@sendonmatias).

Diseño gráfico: Pierina Lateloga (@kiterea).

Fotografía: Lina Frigerio Ceballos (@linafrigerio).

Video: Felipe Wonk (@feliwonk).

Producción: Disco Eros

Asistente de producción: Magui Downes (@maguidownes).

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