«Sweeney Todd», turbia y espectacular
Por Gabi Composto (gabi.composto@elcafediariook.com)
Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
Si te suena este nombre, seguramente es por la película que Tim Burton estrenó en 2007, la versión cinematográfica de Sweeney Todd: The demon barber of Fleet Street (como es su nombre original en inglés), un famoso musical que subió el telón por primera vez en Broadway durante 1979.
Tanto esas versiones, como la que se presenta en Buenos Aires –Sweeney Todd: el cruel barbero de Fleet Street– exigen tiempo, atención y oído. Es una obra extensa, buena, mejor diría, buenísima; tal vez de una intensidad poco amable y con una partitura que no permite demasiadas concesiones. Pero cuando una puesta consigue dominar semejante desafío, el resultado puede ser superador. Eso ocurre con esta producción del clásico de Stephen Sondheim, que llega a la cartelera porteña con una energía oscura, un nivel vocal notable y una contundencia escénica que justifica plenamente el calificativo: turbia y espectacular.

«Sweeney Todd», una historia incómoda que atrapa
El barbero Benjamin Barker regresa a Londres después de pasar años preso y sin que se sepa nada de él. Pero logró escaparse y ahora es el Sr. Todd, y tiene en la mira al Juez Turpin, del que se quiere vengar porque es quien lo envió a prisión con una acusación falsa para destruir su vida y arrebatarle a su familia.
La extraña pastelería de la Sra. Lovett se convierte en su hogar y su lugar de trabajo, allí ubica su nueva barbería, sobre la tienda. Y con la ayuda de esta mujer con ideas poco ortodoxas, pone en marcha un plan que lo hunde cada vez más en la obsesión, la sangre y la locura.
El humor negro se acepta y se abraza
El humor negro es parte fundamental del recorrido. La tragedia convive con la ironía y consigue que una historia tan oscura no pierda atractivo y mucho menos el ritmo.
El propio director de la obra, Marcelo Rosa, lo explica con claridad: «Entiendo que es un material que por ahí hoy por hoy es raro de transitar porque es lento, es truculento, tiene humor negro, es una temática muy fuerte y tal vez no es un material cómodo de ver«.
Y es cierto, Sweeney Todd no es una obra cómoda, pero eso ¿importa? Es una obra larga –cuenta con un intervalo de diez minutos– pero esa extensión forma parte de una propuesta que necesita tiempo para desplegar su complejidad dramática y musical. Así es como este musical consigue sostener ese recorrido sin que la duración se transforme en un obstáculo.

Un Degracia que se luce y una Boron para descubrir
El talento vocal y la presencia escénica de Emmanuel Degracia como Sweeney Todd son indiscutibles. Tiene la potencia necesaria para ocupar el centro de una obra de estas características y construir un personaje atravesado por la oscuridad y la obsesión.
Pero me detengo especialmente en Anabella Boron, que asume el protagónico de Sra. Lovett. Esta cronista la conoce como profesora de teatro, pero nunca antes la había visto enfrentarse a un papel con semejante demanda. Y la sorpresa es enorme.
Su Sra. Lovett es fresca y, al mismo tiempo, potente. Boron se mueve por el escenario con una naturalidad que llama la atención y maneja las exigencias vocales con una soltura que casi consigue ocultar la enorme dificultad del trabajo. En ella parece fácil y justamente por eso impresiona.

Una partitura que pone a prueba al elenco
Los arreglos musicales son otro de los grandes atractivos de esta puesta. Su complejidad se percibe y exige precisión, concentración y un dominio vocal contundente. Las voces de todo el elenco están a la altura del desafío, con un gran resultado que se sostiene de principio a fin. La dirección musical y vocal es de César Tello y las coreografías son de Pamela Peker.
Además de Degracia y Boron, completan el elenco Tomás Vila, Lucia Louzan, Alfredo Alesandro, Mario Angelome, Agustín Iannone, Nacho Batti y Aimara Vázquez, con Marian Lorena Vázquez, José Fiz, Lucia Ingol, Chiara Rodó, Hernán Cáceres, Camila Schuale y Santiago Sastre en el ensamble.

El musical que comenzó todo
No es menor la dimensión que Rosa le atribuye al musical: «Sweeney Todd dio el puntapié inicial para que existieran otros espectáculos como El Fantasma de la Ópera, Los Miserables, como Hamilton incluso, que tiene muchísimas inspiraciones en este material«.
Con música y letras de Sondheim, libro de Hugh Wheeler y basada en la adaptación de Christopher Bond, esta producción entiende que la dificultad no necesita ser disimulada. Al contrario: la asume y la convierte en parte de su atractivo.
Sweeney Todd es turbia, exigente, incómoda y espectacular. Una experiencia teatral que vale la pena atravesar.
Funciones los sábados a las 20:30 y los domingos a las 19:30 en el Teatro Santa María (Montevideo 842, CABA).
Entradas en la boletería del teatro o por Ticketek.



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