La escritora venezolana Osjanny Montero presenta su nuevo poemario
Por Mirtha Caré (eme.care@elcafediariook.com)
Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)
El libro Ojo de tigre en la mano izquierda, de la escritora venezolana Osjanny Narciza Montero González, reúne poesía, memoria familiar, migración, cuerpo y trabajo colectivo en una propuesta multimedial. La obra se presenta el sábado 27 de junio a las 16 horas en Selva negra, casa de plantas (José Andrés Pacheco de Melo 2939, CABA). El Café Diario® conversó con la autora sobre el proceso de creación de este nuevo proyecto.
La poesía como primer lenguaje
¿Cómo nació Ojo de tigre en la mano izquierda y qué te llevó a elegir la poesía como forma de expresar esta nueva etapa de tu escritura?
Cuando me vine a Buenos Aires me traje muchos cuadernos; en su mayoría contenían relatos de mis años en viaje, pero había otros con versos escritos entre San Cristóbal y Caracas. Tras publicar Diarios Mandarina, mi primer libro, quise volver al lenguaje poético que en realidad fue el primero; mucho antes del periodismo, escribía poesía y participaba de recitales en mis años universitarios. Para mí la poesía está cargada de símbolos y misticismo, ambas expresiones que he estado explorando en los últimos años, a través del movimiento, la danza, el cuerpo. Fue durante un viaje a Salta, en ese encuentro con la Cordillera, cuando me prometí encarnar esos versos. Así nació este poemario, como una necesidad de experimentar la poesía en distintos formatos.

El libro llevó tres años de gestación. ¿Qué transformaciones atravesó la obra y qué descubriste de vos misma durante ese proceso?
La obra se sigue moviendo, es una fluctuación permanente, por eso me gusta presentarla como un poemario multimedial que se expande, con cada colaboración, con cada memoria que se despierta al releer los versos.
Cuando era apenas una idea, era puramente texto. Más de cien hojas en mi computadora, una vez que empecé el trabajo de revisión con Eleonora Requena, reconocida poeta venezolana, clasificamos y encontramos un tejido que se trenzaba con naturalidad. Me alimenté de nuevas referencias como la poesía de Ramón Palomares o Carmen Verde. A la par, estaba experimentando con la danza y la improvisación corporal; entonces en uno de esos trances me animé a llevar algunos poemas a clases de teatro. Ese proceso fue un gran hallazgo, comprendí que podía atravesar el texto, hacer que se moviera y que tomara una nueva entidad con mi voz.
Desafiar creencias
En estos tres años me enfrenté conmigo misma, desafié algunas creencias y me entregué con humildad a situaciones que me exponen, me quiebran… como alzar la voz en una suerte de «cánticos» que no sé cómo llamar. Todo eso es Ojo de tigre en la mano izquierda, una reconstrucción de pasajes de mi infancia, mi tránsito de Caracas a Buenos Aires, lo que me animé a explorar acá, sin el juicio de lo que fui estando en Venezuela. Como dice el poema que cierra el libro: «Soy de todos los lugares/camino libre aquí/allá/formo parte de una red tejida/desde principios etéreos».
¿Qué aspectos de ese proceso creativo rescatarías especialmente?
Me interesa mucho confrontar mis escritos a las visiones y perspectivas de otros artistas y colaboradores. Cruzar los lenguajes y crear formatos nuevos a partir de una idea inicial. Eso es lo más rico para mí, cómo esa plasticidad de la poesía abre nuevas puertas y expande los límites de la palabra.

Una historia heredada
¿De dónde proviene el nombre del libro y qué sentido tiene para vos?
Gracias a Eleonora me di a la tarea de subrayar palabras y versos que me resultaban enigmáticos en el libro, que a su vez me remitían a un recuerdo muy preciso en mi memoria. Así llegué al título final; se trata de un relato narrado muchas veces por mi padre, una historia que me acompaña desde muy chiquita y, aunque tiene sus variaciones, crecí con esa historia. Y hasta el día de hoy ese misterioso objeto que llevo en mi mano izquierda me funciona de anclaje emocional. Toda la primera parte del poemario es una reconstrucción de esos relatos y el Ojo de Tigre aparece en dos momentos centrales de mi vida.
¿Ese misterioso objeto al que hacés referencia es un objeto concreto?
Sí, es un objeto concreto que en el libro está nombrado en dos poemas que se conectan a lo largo de la lectura. Los momentos corresponden a mi infancia y al rito de paso puntual de la llegada de la menstruación. Fue ahí, a mis 11 años, que esa historia se me reveló y hasta hoy conservo varias versiones narradas por papá y mamá.
En el libro aparecen la memoria, la migración, las raíces familiares. ¿Qué descubriste al volver sobre tus recuerdos y tus escritos de otros momentos de tu vida?
Indagar en la memoria familiar me llevó a mis abuelas, a instantes muy luminosos que recuerdo de ellas. Tengo una conexión muy fuerte con mi abuela materna, desde su partida física se me aparece en sueños, tenemos rituales especiales en esa dimensión. A ella le dedico varios poemas del libro, es una figura muy presente en mí. Con mis abuelas paternas compartí muy poco, en una necesidad de encontrar sus huellas en mí descubrí historias de abandono, de imposiciones, de uniones sostenidas desde la ambición económica y la carencia de afecto, y aún así ellas se hicieron su lugar, se levantaron como grandes matriarcas en su grupo familiar.
Preguntas en el camino
Entonces, a lo largo del proceso de gestación me hice preguntas como: ¿qué decisiones hubiesen tomado ellas sin esas imposiciones? ¿Acaso existiría yo? ¿Qué hubiesen estudiado? ¿A qué países les hubiese gustado viajar? Algunos poemas se proponen darles respuesta a esas preguntas, crear hipótesis a partir de los relatos de mi madre y mis tías y con la ayuda del lenguaje poético.

¿Qué te gustaría que sintiera o se llevara el lector al cerrar el libro?
Desde las primeras conversaciones con la ilustradora, Maya Luna, apareció la idea del oráculo. Un poemario que funcionara desde ese concepto simbólico, así me gustaría que los lectores se vinculen con el libro.
El libro propone un viaje hacia las raíces, con una propuesta de hacer compostaje, de atravesar lo incómodo desde el silencio y la integración de sombras y luces, como un paso necesario para volver a florecer. Si el lector siente algo de esto, me doy por servida.
Después de este proyecto, ¿hacia dónde sentís que se dirige tu escritura?
Ahora mismo estoy investigando sobre corrientes gnósticas, sobre el rol de la mujer en ese mapa de conocimiento. Estoy tentada con profundizar en el género del ensayo, siempre con mis cuadernos muy cerca, pues también es cierto que varios poemas quedaron fuera del universo de Ojo de tigre en la mano izquierda y con ese material tengo suficiente para darle forma a otros proyectos.
¿Te gustaría agregar algo más?
No, considero que estuvo bastante completa. Disfruté mucho respondiendo a estas preguntas. Te agradezco mucho.



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