Lanús, un orgullo de barrio y una obsesión de 1915 que conquistó Sudamérica

Lanús, un orgullo de barrio y una obsesión de 1915 que conquistó Sudamérica

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)

Aquel 3 de enero de 1915, los jóvenes deportistas que fundaron el Club Atlético Lanús, en la homónima ciudad bonaerense, seguramente habrán soñado con la gloria. Lo mismo que la alta cantidad de clubes de fútbol que nacieron, en aquellas épocas, en los alrededores de las estaciones de ferrocarril de la zona Sur del Gran Buenos Aires. Pero sus ilusiones difícilmente hayan alcanzado a proyectar lo conseguido en este primer cuarto del siglo XXI: el club que nació modesto es hoy es el mejor de América del Sur.

El Granate acaba de conseguir un logro histórico y notable para el fútbol argentino, coronándose campeón de la Recopa Sudamericana, superando nada menos que al poderosísimo Flamengo, campeón de la Copa Libertadores y poseedor de un millonario plantel lleno de grandes figuras. Y se dio el lujo de ganarle las dos finales: 1 a 0 en el estadio Ciudad de Lanús-Néstor Díaz Pérez, y 3 a 2, en tiempo suplementario, en el mítico estadio Maracaná de Río de Janeiro.

Dylan Aquino, autor del tercer gol en un Maracaná repleto y bajo una fuerte lluvia. Foto: C. A. Lanús.

Lanús, el terror de los brasileños

Los equipos de Brasil se convirtieron en dueños casi exclusivos del fútbol sudamericano. De las últimas nueve finales de Copa Libertadores, el torneo más importante, ocho fueron ganadas por clubes brasileños y a cinco de esas finales llegaron dos equipos de ese país.

En cambio, en la Copa Sudamericana, las coronaciones están más repartidas. Equipos de Brasil llegaron a las últimas cuatro finales y perdieron ante equipos de Ecuador: Independiente del Valle y Liga Deportiva Universitaria, y de Argentina: Racing Club y Lanús.

Justamente Lanús se ganó el sitio para disputar la Recopa Sudamericana por haber sido campeón de la Copa Sudamericana 2025. En otra histórica final, disputada en Asunción a partido único, empató con Atletico Mineiro 0 a 0, en los 90 minutos y el posterior suplementario, y se impuso en los penales 5 a 4. Y en cuartos de final el Granate había vencido a otro grande, y favorito, brasileño, Fluminense, empatando 1 a 1 en Río de Janeiro y ganando 1 a 0 en La Fortaleza, el sobrenombre de su estadio.

Estas victorias ante rivales de semejante poderío aumentan el valor de los títulos obtenido por Lanús en el último trimestre. Un equipo dirigido por un director técnico muy capaz e inteligente como Mauricio Pellegrino y un mix entre jugadores experimentados y con antecedentes como campeones y juveniles formados en las siempre prolíficas inferiores granates.

José María Canale celebra eufórico su golazo y deja abatido a todo Flamengo. Foto: C. A. Lanús.

Primero campeón internacional, después nacional

La primera coronación de Lanús también había sido lejos de casa. En Colombia, en 1996, se consagró en la hoy desaparecida Copa Conmebol (antecedente de la Copa Sudamericana) pese a caer ante el local Independiente Santa Fe 1 a 0. La diferencia obtenida en Lanús, 2 a 0, le dio ese estreno con un título.

Salir campeón en Argentina demoró un tiempo más. Esa primera estrella nacional se encendió en el Torneo Apertura 2007, con la dirección técnica de Ramón Cabrero, ídolo granate como futbolista y como entrenador. Y Lanús obtuvo su segunda coronación en el Campeonato de Primera División 2016. Ese mismo año salió campeón de la Supercopa Argentina (4 a 0 contra San Lorenzo) y de la Copa Independencia (1 a 0 contra Racing).

Con la revisión de títulos del pasado reconocidos por la AFA, Lanús agregó otro título más: Copa Juan Domingo Perón 1955.

Carlos Izquierdoz y Eduardo Salvio, dos cracks actuales de Lanús. Surgieron de las inferiores, recorrieron otros clubes, y volvieron para ser campeones.

Orgullo y obsesión

Dos lemas que identifican a Lanús son orgullo de barrio, por su gran identificación y sentido de pertenencia, y nuestra obsesión desde 1915, reafirmando el vínculo incondicional entre el club y su gente. Y sus hinchas se proclaman como el club de barrio más grande del mundo.

Lo cierto es que Lanús, en las últimas décadas, no sólo se destacó por sus logros futbolísticos, sino también por su enorme potencial como institución. Tiene 44.000 socios que aprovechan las instalaciones y las obras que jamás se detienen.

El estadio Ciudad de Lanús-Néstor Díaz Pérez, conocido como La Fortaleza. Inaugurado en 1929 y modernizado y remodelado, es la casa del campeón. Foto: C. A. Lanús.

No sólo fútbol es Lanús. Históricamente fue animador de los campeonatos de básquet, masculino y femenino, con varios títulos logrados. Otros deportes importantes en la entidad son hockey sobre césped, tenis, natación, voley y handbol. Además es reconocido por sus actividades educativas, sociales y culturales.

El estadio de básquet Antonio Rotili, en homenaje a un destacado ex presidente y directivo. Otro de los deportes insignia de Lanús.

Los Globetrotters y Los Albañiles

Aunque no cosecharon títulos Lanús tuvo en el pasado dos formaciones muy elogiadas por su calidad futbolística. En 1955 y 56 (año que salió subcampeón) maravillaba por su juego vistoso y goleador el equipo que se ganó el rótulo de los Globetrotters, a semejanza del equipo espectáculo estadounidense de básquet que hacía magia con el balón. Sus principales figuras eran Héctor Guidi –otro de los grandes ídolos granates con una extensa trayectoria en el club y también jugador de la Selección Argentina–, Nicolás Daponte, José Nazionale y Dante Lugo.

Otro destacado equipo de Lanús fue el llamado Los albañiles, llamado así por las lujosas «paredes» que hacían en la cancha los delanteros Ángel «Manolo» Silva y Bernardo Acosta, expertos en pasarse y devolverse el balón con rapidez y precisión, en la década de 1960.

Lautaro Acosta, ídolo, referente y el fubolista con más cantidad de partidos jugados en Lanús (429), estuvo en Río de Janeiro para ver la gran final. Antes posó con hinchas granates en la playa carioca.

El peor momento de la historia

Hubo tiempos demasiado complicados, entre 1977 y 1980, con dos descensos consecutivos. La mala racha arranca con una derrota que condenó a Lanús a descender a Primera B, tras un largo desempate, definido por ¡22! penales, ante Platense. Lanús protestó una situación reglamentaria y le inició un juicio a la AFA.

Eso no cayó nada bien en la entidad regente del fútbol nacional. Y sumado a una campaña pobre, el paso por Primera B fue fugaz: en 1978 el Granate siguió rodando cuesta bajo y bajó a una categoría insólita en su vida, Primera C. Un plantel deslucido, una abultada deuda económica y una disminución notable de socios era el duro panorama de finales de esa década.

Ante la adversidad, Lanús resurgió, con un recordado equipazo que ganó de punta a punta el campeonato de Primera C, en 1981, volvió a Primera B y empezó su resurgimiento. Dirigidos por Juan Manuel Guerra, entre sus figuras estaban Héctor Enrique, futuro campeón mundial con la Selección Argentina, su hermano Ramón Enrique, Claudio Nigretti, Juan Crespin y Horacio Attadia.

Regresó a la categoría máxima del fútbol argentino, volvió a descender a Primera B y subió enseguida, con Miguel Russo como DT, y lleva 34 años consecutivos en la élite nacional. Su crecimiento, dentro y fuera del terreno de juego, lo tiene consolidado como una institución sólida y respetada. Y ahora también como dueña absoluta de Sudamérica. Con esfuerzo, determinación, crecimiento exponencial, unidad política y sabiendo administrar una billetera donde no sobran los billetes. Y apuntalando sus columnas, las de cemento y las humanas.

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