La fábula del colibrí: potencia corporal, poesía y sentimientos

La fábula del colibrí: potencia corporal, poesía y sentimientos

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)


La fábula del colibrí
 es una propuesta tan interesante como difícil de encasillar con una clasificación exacta. Es una combinación, sincronizada y elaborada, de teatro, circo y acrobacia para reflejar una situación personal de un humano atormentado por situaciones limites.

En este unipersonal, Santiago Román Pagano interpreta a Richard, un hombre atrapado en dilemas que afectan su vida cotidiana. Su mente y su cuerpo parecen no darle tregua, mientras va atravesando los umbrales convencionales del relato con un ida y vuelta permanente en una actuación descollante.

Histrionismo y despliegue físico en un único protagonista: Santiago Román Pagano.

Entre el vuelo del colibrí y la esquizofrenia

El lado metafórico y poético se da con la identificación con el colibrí revoloteando. El humano queda envuelto en problemas familiares, relacionados con intereses creados, y el consumo de una variedad de pildoras farmacéuticas. La rutina diaria y una complicada cena de fin de año traen a la luz conflictos, con mucho sentimiento y dura realidad.

El protagonista no solamente ofrece un fuerte monólogo, con picos emocionales y simbólicos, sino que además realiza un muy intenso trabajo físico. Movimientos acrobáticos, circenses y de un amplio despliegue corporal acompañan, y refuerzan, su performance. Pagano no sólo es la cara visible de la obra, sino que también es el autor del texto, basándose, inclusive, en algunas situaciones personales.

Santiago Román Pagano sobre la rueda circense, en uno de los momentos acrobáticos de la obra.

En su segunda temporada en cartel, La fábula del colibrí se presenta todos los primeros viernes del año en Café Artigas, sobre un escenario propicio por los objetos utilizados. La entrada tiene la particularidad de no tener un valor fijo, sino que es a la gorra; el espectador decide cuánto pagar, más allá de que hay un precio recomendado (pero no obligatorio). 

El punto de vista del director

Javier Bertero, director y cocreador de La fábula del colibrí, reluce los genes artísticos, ya que es hijo del reconocido músico y director Fabián Bertero. Además de esta incursión teatral, este joven porteño tiene valiosos antecedentes como malabarista, su principal actividad.

¿Qué podés decir sobre La fábula del colibrí?

Este es nuestro segundo año en escena. Es una obra que creamos en 2024, ahí empezó el proceso de creación y la concretamos en 2025. Es un unipersonal de Santi. Lo fuimos escribiendo y creando sobre la marcha; no había un guion previamente escrito. Tiene varios condimentos, varias cositas de biodrama y de historia personal puestas en la cuestión.

¿Cómo se llega a esa mezcla de teatro, circo y acrobacia?

El lenguaje principal de Santi es el circo. La parada de manos y la rueda de circo son sus disciplinas primarias. Y la obra está muy marcada por el teatro físico. Y un poco la búsqueda era hibridar ambos lenguajes. En realidad, los tres lenguajes, los distintos lenguajes del circo. La rueda de circo, en la última parte, la acrobacia y la parada de manos. Y el texto.

La escenografía y los elementos utilizados también imponen presencia, ¿no?

Si. Hicimos mucho hincapié en la cuestión plástica escenográfica de la creación. Desde el uso de las pastillas, los plásticos, los distintos materiales.

El colibrí y el helecho

 ¿Cómo es esa simbiosis con el mundo animal y vegetal y el personaje humano?

Hay algo de que teníamos mucho interés en jugar con el mundo más capitalista, burgués y de la medicina psiquiátrica. Lo industrial, lo manufacturado. Y buscar como contrapunto lo orgánico, lo natural. Ahí aparece la figura del colibrí y la plantita que tenemos en escena. Esa planta es como otro personaje. 

Aparecen varios dramas personales con un enfoque especial.

Queríamos abarcar un poco la locura con todos los altibajos que tiene.  Qué es lo más deprimido, qué es lo más intenso, qué es lo rápido. Y ahí aparece la figura del colibrí. Y el helecho tiene que ver con que a Santi, en lo personal, le gustan mucho las plantas.  Era como materializarlo de forma sutil y por eso aparece la plantita como personaje que acompaña. 

El director Javier Bertero, en la entrevista con El Café Diario®.

Esta es la primera obra teatral que dirigís. ¿Cómo te sentiste? 

Sí, sí, es la primera obra de teatro que dirijo. Había dirigido algún número de circo antes, y también había acompañado otros procesos. Dirigir esta obra fue un montón, un montón, un montón… Sumado a la creación en paralelo. Pero fue un proceso muy rico para mí. Es muy grande la cantidad de material descartado que tenemos, fueron como la semillitas del material actual. 

Destacabas que es un trabajo en equipo, con compromiso de muchas personas.

Sí, es real porque hay mucha gente metida, además de nosotros. Un escenógrafo, un músico, un diseñador sonoro, una vestuarista, un iluminador, todos ayudan mucho. También Diego Mauriño, dueño del espacio, que acompañó asesorando la dramaturgia y la creación de los textos. 

¿Cuál es tu balance de la obra?

Para mí es algo increíble, todo está re bueno. Es difícil y movilizante a la vez. Fue mucho trabajo, muchas horas, muchos ensayos, muchas reuniones. Ensayamos a veces acá en la sala del teatro, a veces en el lugar donde Santi da clases y otras veces en su casa. Fue mucho trabajo y mucho tiempo puesto para hacer todo lo mejor posible. 

Javier Bertero y Santiago Román Pagano, los responsables de La fábula del colibrí.

La fábula del colibrí

Café Artigas

José Gervasio Artigas 1850, CABA.

Primer viernes de cada mes, a las 21 horas.

Entradas por Alternativa Teatral

Puede que te hayas perdido