«La casaca de Dios»: buscando la 10 más valiosa de Maradona

«La casaca de Dios»: buscando la 10 más valiosa de Maradona

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)

Diego Maradona y las Islas Malvinas están enclavados en el corazón de la gran mayoría de los argentinos; son parte del ADN emocional de nuestra patria. La película nacional La casaca de Dios los emparenta con la ficción para darle forma a esta producción que, tras su estreno en el Festival de Málaga, llegará a los cines locales en abril.

Jorge Marrale asume el papel de Tití, un veterano utilero de un modesto club de fútbol. Tuvo su época gloriosa trabajando con la Selección Argentina campeona del mundo en la Copa de México 1986. Se lamentó no haber rescatado la camiseta usada por Maradona en el mítico partido ante Inglaterra, con los dos goles inolvidables del 10: la mano de Dios y el golazo del siglo. Por eso, más de tres décadas después se desespera por recuperarla y repatriarla.

Jorge Marrale y Natalia Oreiro, padre e hija en La casaca de Dios.

Esa camiseta con el número 10 en la espalda tiene además una historia especial. Debido a las altas temperaturas, el inefable Carlos Bilardo decidió que Argentina vistiese una casaca menos calurosa. Por eso se compró una indumentaria genérica, color azul, y horas antes del partido ante los ingleses, se le cosió a mano el escudo de la AFA en el frente y se le estampó la numeración en la espalda a cada camiseta.

Los goles mágicos de Maradona

En ese partido ante Inglaterra, el primero tras la guerra de Malvinas, Diego Maradona convirtió los dos goles que sellaron la victoria. Con un toque inadvertido de su mano metió el primero, y con una magnífica jugada haciendo un slalom dejando en el camino a los desairados rivales que intentaron frenarlo, el segundo.

Volviendo a Marrale, o Tití, el avejentado utilero, está obsesionado con recuperar esa camiseta, que además tiene otro enorme recuerdo afectivo para él, relacionado con su hijo muerto en la guerra de Malvinas y quien es una aparición recurrente en sus sueños. A los 80 años se entera de que la histórica casaca, que Diego Maradona intercambió con el inglés Steve Hodge será subastada, y sólo piensa en traerla a Argentina.

Natalia Oreiro, la hija de Tití, con quien mantiene una relación de amor-odio, busca darle el complicado gusto. Los rencores, los silencios, los olvidados del pasado salen a la flote y quedan expuestos con la destacada interpretación de la actriz uruguaya.

Títí, en el modesto club de fútbol, amenazado con desaparecer, tiene una obsesión: recuperar la camiseta más representativa de Maradona.

Un complot para satisfacer una obsesión

A pesar de las asperezas, la hija busca cumplir esa obsesión de su padre. Y cuenta con la colaboración de los únicos dos ex jugadores que, con el largo paso del tiempo, aún permanecen junto al viejo utilero y buscan complacer su locura.

Como relata la película, uno se identifica con la mano de Dios –Lautaro Delgado, irresponsable, inescrupuloso, chanta, utilizando todo tipo de recursos por izquierda, con trampa para darle el gusto a Tití– y el otro con el golazo del siglo –Rafael Ferro, ordenado, serio, responsable y que recurre a las vías legales–, aunque el objetivo sea el mismo.

Completan el elenco Damián Dreizik, Paola Barrientos, Damián Canduci, Aylin Prandi y los juveniles Facundo Antaman y Zoe Peralta, con participación el ex arquero Sergio Goycochea. El guión es de Marcos Carnevale, Javier de Nevares y Fernando Vázquez Mazzini y la dirección de Fernán Mirás.

Damián Canduci y la pequeña Zoe Peralta, yerno y nieta de Tití en la película.

La historia real

En 2022, poco antes del Mundial de Qatar, el futbolista de Inglaterra decidió entregar esa camiseta a la reconocida empresa de remates Sotheby’s para una subasta. Y tras una dura puja, la prenda quedó en manos de un jefe árabe que pagó cerca de 9 millones de dólares.

En La casaca de Dios el destino final de esa camiseta tiene una variante, ficticia obviamente, que le da un giro y un final emotivo e impactante a la película que enlaza drama y comedia con sentidos de paternidad, memoria, redención y pasión. Y con el condimento de dos fuertes sentimientos pegados al corazón argentino.

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