Historia de un pabellón literario en Sierra Chica
Por Mirtha Caré (eme.care@elcafediariook.com)
Edición: Florencia Romeo (florencia.romeo@elcafediariook.com)
Matías Verna es periodista, docente, escritor y estudiante avanzado de la Tecnicatura Superior en Bibliotecología en la Escuela Nacional de Bibliotecarios. Nació en Azul, provincia de Buenos Aires, en 1979, y actualmente reside en la ciudad de Olavarría.
Como escritor ha publicado algunos poemarios de manera autogestiva y otros con el apoyo de editoriales. Recibió premios y formó parte de antologías poéticas. Entre sus tantas experiencias, trabajó de barrendero «durante cuatro años, siete meses y veintisiete días» en Azul y, desde hace veinte años, trabaja en el Servicio Penitenciario Bonaerense.
Está casado con Tania y tiene dos hijas: Lola y Juana. Recientemente participó como gestor de la realización de la Biblioteca del Pabellón Literario N° 12 de la Unidad 38 de Sierra Chica, y sobre ese tema conversó con El Café Diario.
Los comienzos de un nuevo proyecto
¿Cómo se generó el interés de crear una biblioteca dentro de la unidad penitenciaria?
Todo empezó en el mes de noviembre 2022, cuando comencé a oficiar de Tallerista Voluntario en el Pabellón N° 12 de la Unidad 38 de Sierra Chica. Soy funcionario penitenciario desde hace veinte años, me gusta leer, he publicado algunos poemarios y además tengo un programa de radio que sale por la FM de Radio Universidad de Olavarría. Después de mucho tiempo y en un momento lindo de mi vida, con ganas de hacer otras cosas laboralmente, alguien me vio y me propuso trabajar con los internos.
Ahí se comenzó a gestar el proyecto
Debo aclarar que estoy cursando el último año de la Tecnicatura Superior en Bibliotecología en la Escuela nacional de Bibliotecarios, dependiente de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno (Virtual – Federal) y por ahí viene la idea de instalar una biblioteca. Una manera de ir aplicando y replicando lo aprendido.
La alfabetización en el penal de Sierra Chica
¿Cuál es tu función dentro de la institución penitenciaria?
Yo soy periodista y mi función es la de Coordinador de Prensa, es decir, confeccionar gacetillas institucionales donde se reflejen actividades de los internos que puedan ser difundidas en los medios de comunicación. La Unidad 38 de Sierra Chica es considerada uno de los pocos establecimientos penales de Artes y Oficios de la provincia.
¿Esto qué significa?
Es decir, que cuenta con nivel educativo primario, secundario, universitario y formación profesional, además de Cursos NO Formales, es decir donde los capacitadores son los mismos internos; también se hace mucho hincapié en la formación laboral. Por lo tanto, con estas características institucionales, siempre hay algo que publicar para mostrarle a la sociedad.
El camino hacia la reinserción
¿Qué obstáculos encontraron y qué apoyo recibieron?
Ya se lo he dicho a mis superiores, por lo tanto, no voy a ser hipócrita u obsecuente: hacía mucho tiempo que no trabajaba sin que me pusieran obstáculos. Con mis superiores tenemos prácticamente la misma edad, podemos hablar de igual a igual, discutir proyectos y saber que estamos hablando de seguridad y de reinserción de personas. Soy consciente del ámbito donde estoy, entonces no voy a presentar proyectos descabellados. Hemos logrado complementarnos, ceder de un lado y del otro y los resultados están a la vista.
La biblioteca se llama Encaminando mentes. ¿Cómo surgió el nombre?
Cuando empecé a notar que los estantes iban ocupándose y que, de todos los proyectos que tengo pensados para el pabellón, la biblioteca iba tomando forma, me dije: bueno, acá hay que construir identidad, marcar un precedente y por sobre todas las cosas tener un nombre. En los talleres de lectura y escritura hemos trabajado mucho la importancia de la identidad, de no olvidar nuestras raíces, de dónde venimos y quiénes somos.
Un nombre que hace camino al andar
¿Cómo se logró definir?
Al momento de la decisión, cada habitante del pabellón puso un nombre en una bolsita y a modo de sorteo fuimos sacando los papelitos para definir el nombre. «Encaminando mentes» sonaba un tanto extraño al pronunciarlo; «encaminar» nos sonaba un poco a correctivo de los setenta, pero ellos hablaron de construir caminos, de otras oportunidades, de pensar, de fomentar el pensamiento crítico, y quedó así.
¿De qué manera contribuye la creación de una biblioteca a la comunidad penitenciaria?
La comunidad penitenciaria, como los centros para la tercera edad, los barrios de la periferia, las comunidades LGTB+, los inmigrantes, son sectores vulnerables y no por eso deben carecer de acceso a la información. Es necesario tener una biblioteca como punto de encuentro, de consulta, de ocio, de reflexión y formación. Las bibliotecas, desde los inicios de la historia, siempre estuvieron presentes. Hoy y en estos ámbitos, no pueden faltar.
¿Cómo la recibieron los internos?
Los estantes fueron fabricados en la Sección Talleres de la Unidad 38. Primeramente, estaban los esqueletos prácticamente vacíos, después algunos se ocuparon con libros viejos, dañados, húmedos que apenas servían de diseño y color.
Creo que cuando nos llegó una partida donada por la Biblioteca Nacional, más algunos libros que los mismos funcionarios acercaron, y otros traídos por vecinos de la zona y algunas editoriales que se sumaron, ahí entendieron que la biblioteca se había convertido en un pilar fundamental del Pabellón Literario.
Elección de libros y elaboración del catálogo
¿Hubo una selección de libros?
Realizamos un expurgo, seleccionamos el material que pueda utilizarse de acuerdo a lo que venimos trabajando y con un catálogo especial, esto es mucha poesía, cuentos y novelas. Recientemente se sumaron algunas colecciones de literatura infantil y algunas enciclopedias.
Ellos se encargaron de pintar las bibliotecas y el pabellón con colores más vivos y dibujos educativos que incentiven la lectura. Todo va muy bien, se ha construido un ámbito maravilloso.
¿Qué retos creés que les esperan?
Los retos son varios, desde la convivencia diaria que es muy difícil hasta encontrar la rutina o el trabajo de ir y leer, descubrir, frustrarse, aburrirse, quedarse con ganas de más lectura, crear sus propios textos y reencontrarse con valores que perdieron o que no sabían que existían.
Pasión por la lectura y compromiso profesional
¿Te gustaría agregar algo más?
Yo sólo agradezco porque me tocó a mí. Esto es todo voluntario, con mucha pasión. Hay compromiso por parte de profesionales, como la psicóloga Daniela Pischel, que se sumó para dialogar con ellos desde una mirada más profesional. También he creado un ciclo de encuentros donde todos los meses invito a un escritor local para que cuente sus experiencias con la lectura y la escritura.
Las personas me escriben por privado para ofrecerme libros o ver cómo pueden colaborar, es decir, la sociedad los empezó a ver. Claro que esto no garantiza que cuando un interno recupere la libertad no vuelva a reincidir, pero sí estoy seguro de que lo va a pensar dos veces.





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