Estambul, la ciudad preferida de los gatos callejeros
Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)
Entre los millones de habitantes locales y turistas que circulan por las calles de alto y ruidoso tránsito peatonal de Estambul se mezclan cientos de miles de gatos callejeros. Y no parece haber diferencias entre humanos y felinos, ya que conviven como una comunidad de amplia y estrecha armonía.
Centro económico, cultural e histórico de Turquía, Estambul sorprende por sus edificaciones antiquísimas, demostraciones de su valioso pasado, sus mezquitas, su mercado, sus colores y sus sabores. Pero también por la gran cantidad de gatos que están por todas partes y son casi animales sagrados.
Gatos de todos
No se los puede catalogar, como en cualquier otra ciudad del mundo, como gatos abandonados o descuidados. No tienen un dueño fijo, tampoco son las clásicas mascotas que viven en un hogar. En realidad, se puede afirmar que son de todos los vecinos, quienes los cuidan, protegen y miman.
A los felinos callejeros, de todas las edades, tamaños y pelajes, jamás les falta un plato de comida, un bebedero, o un refugio si el clima lo requiere. Y ellos se mueven con absoluta libertad y confianza entre los humanos y se muestran dispuestos a recibir caricias.

¿125.000 o más de 200.000 gatos?
Según cifras oficiales, son 125.000 los gatos callejeros que viven en Estambul, pero otros estudios afirman que la cantidad supera los 200 mil. En lo que no quedan dudas es que cualquiera sea la cifra, esos simpáticos felinos son venerados y aceptados totalmente por sus vecinos humanos.

Una explicación histórica y una leyenda
Un relato antiguo explica que la propagación y admiración hacia los gatos callejeros comenzó cuando Estambul, entonces llamada Constantinopla, estuvo bajo el poder del imperio otomano, y su puerto y sus calles están invadidas por ratas. La solución para combartirlas fueron los gatos, verdaderos guardianes que combatieron las enfermedades, pestos y destrozos causados por los roedores.
Se suma una versión mística y religiosa. El islamismo considera a los gatos puros y limpios, con un aura especial. Y una leyenda señala que el profeta Mahoma cortó una parte de la túnica que vestía porque su gata preferida estaba durmiendo encima y no quiso despertarla.
Gatos famosos: Instagram y estatua
Entre los miles de gatos que deambulan por la ciudad más poblada de Turquía, dos transcendieron por encima del resto. Gli, una sociable y vital gata atigrada favorita para las cámaras de los turistas, quien pasó sus 16 años de vida -falleció en 2020- en la impactante mezquita de Santa Sofía, tiene su sitio en Instagram, creado por una guía turística, con 101.000 seguidores.

Otro gata, también fallecida, tiene su estatua propia en Estambul. Se llamaba Tombili y atraía la atención por la particular forma en que se recostaba y acomodaba sobre el cordón de una vereda. La corpulenta gata y su curiosa pose fue registrada por la cámara de un turista y la imagen pronto se replicó en Internet.
El salto a la popularidad fue instántaneo. Tombili murió en 2016, pero no fue olvidada. Los vecinos, superada la tristeza inicial, pidieron a las autoridades la construcción, como homenaje, de una estatua, graficando su postura y gesto corporal. La escultura fue robada, y luego fue recuperada y vuelta a colocar en su sitio.

Estambul, ciudad cargada de historia y mística, no sólo fue territorio de poderosos y variados imperios del pasado, de sus millones de habitantes y de los miles de turistas que la visitan. Es territorio, también, de esos gatos insertados en el espacio público y parte fundamental de la vida cotidiana.




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