«Fui forastero»: historias de exilio y desarraigo

«Fui forastero»: historias de exilio y desarraigo

Por Gabi Composto (gabi.composto@elcafediariook.com)

Edición: Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)

En Fui forastero o I was a stranger (como es su título original en inglés), su debut y a partir de cinco historias entrelazadas, el director Brandt Andersen logra contar diferentes perspectivas de los efectos que tiene la guerra de Siria en distintos personajes.

Una médica de Alepo que debe salvarse junto a su hija, un soldado torturado por su conciencia, un contrabandista sin escrúpulos que –aparentemente– hace cualquier cosa por la salud de su hijo mientras opera en la costa de Turquía, un poeta padre de familia y un capitán de la guardia costera griega que no es indiferente.

Desde Turquía, la huida hacia la isla de Lesbos en Grecia: cuando el mar es el camino a un cambio de vida (Foto: gentileza @lupinofilms).

Cinco historias sobre la crisis humanitaria

Varias horas con una misma noche como meta, cinco recorridos, un mismo territorio quebrado.

En Fui forastero la narrativa no es lineal. Son cinco historias de almas destrozadas que hacen lo que pueden por sobrevivir, apoyados en la esperanza de que algo, en algún lado, puede ser mejor que lo que viven ahí, aunque el camino sea dejar todo atrás y convertirse en refugiados.

El actor francés Omar Sy (de Lupin, la serie de Netflix) es quien cobra por un lugar en los botes y junta el dinero para llevar a su hijo enfermo a Estados Unidos (Foto: gentileza @lupinofilms).

Fui forastero y su relato sobre el desarraigo

La película tiene una construcción coral donde distintos personajes pasan por situaciones límite, por las que toman decisiones desesperadas –y peligrosas– vinculadas a la huida de su país en guerra. Cada historia y sus protagonistas, aportan una pieza que describe –al menos un poco– ese panorama más amplio que es ni más ni menos la vida de los habitantes de las ciudades, de los países enteros, donde la guerra es parte del día a día y la salida se ve en cualquier lugar que acepten recibirlos.

No esperes explicaciones, acá la observación es lo importante porque la película no simplifica, sino que propone una mirada más abierta, una que te haga ruido o que genere al menos una discusión sobre el fenómeno del exilio.

La guardia costera de Grecia hace todo lo posible por salvar a la mayor cantidad de personas posible, aunque no todos logran superar las inclemencias del mar (Foto: gentileza @lupinofilms).

La historia de muchos

Cada personaje tiene un peso específico, ninguno tiene más protagonismo que otro. Eso es un acierto porque a mi manera de ver, refuerza la idea de que la experiencia que viven no es un hecho individual, sino colectivo. Y hay millones de historias que lo demuestran. Todos o cualquiera pueden pasar de ser ciudadanos de un lugar a convertirse en un refugiado despidiéndose con dolor de su patria.

En algunos tramos pareciera que la conexión entre las distintas historias pierde fluidez, sin embargo no deja de explorar las distintas formas de ser extranjero en contextos atravesados por la violencia, la incertidumbre y la migración forzada.

Una familia como tantas, intentando cruzar en bote desde Turquía a Grecia, en busca de refugio (Foto: gentileza @lupinofilms).

Una película que deja preguntas más que respuestas

La experiencia que propone no apunta a resolver conflictos, sino a exponerlos. El resultado es que esas cinco historias se quedan en tu cabeza, dando vueltas más allá de los créditos del final, y no exactamente por las respuestas que brinda, sino por las preguntas que instala. Que no es poco.

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