«Él tuvo que morir», una comedia negra con suspenso y humor
Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)
Edición: Florencia Romeo (florencia.romeo@elcafediariook.com)
Descubrir quién es el asesino en una obra policial es una tentación irresistible para todo espectador. Buena propuesta que ofrece Él tuvo que morir, comedia negra recientemente estrenada, con nueve potenciales culpables y dudas continuas que van surgiendo a medida que transcurre esta obra teatral.
Apenas se ingresa a la sala, en Muy Teatro, cada espectador recibe un papel impreso con las fotos y nombres de los personajes y una birome. Anotar, cerca del final del espectáculo y antes que el misterio quede develado sobre el escenario, al culpable le permite participar al público.
A una novedosa propuesta que combina teatro experimental con un enfoque cinematográfico, al ritmo de suspenso y misterio se le agrega una alta dosis de humor y situaciones y diálogos que mezclan el clima de tensión con las risas.
Un muerto presente
Juan Gorchs, patriarca de una familia aristocrática, es asesinado a balazos en su lujosa casa. Presente como un fantasma en el escenario, aunque no visible ni audible para los otros personajes, va guiando y ayudando a reconstruir el crimen.
Sus actividades comerciales, con una gran estafa de por medio, despierta el interés de todos los protagonistas. Y así, en una vorágine de sátira y suspenso, nadie queda exento de sospecha, en una conjunción de ambiciones egoístas y hasta desdeñando los propios lazos familiares.

Una familia nada normal
May Campero, como La Cumera, una madre con poco afecto a su difunto esposo, ambiciosa sin escrúpulos y manipuladora, y su hija mayor, Ludmi Soledad, joven que dejó temprano el hogar familiar para encarar una vida basada en su belleza, su sensualidad y su poder de seducción, tienen motivos para haber cometido el crimen.
Luna Brandl y Maiú Yaber, interpretando a unas excéntricas y peculiares gemelas, le aportan un punto alto a las sólidas actuaciones de todo el elenco. Personajes curiosos y con aparente despego, también generan sospechas.
Pero tampoco quedan exentos de inocencia Agus García, el cuñado del muerto, y hasta Leandro Urueña, el detective que investiga el caso. Y no se pueden obviar a los divertidos y expresivos Nahuel Farías, el mayordomo, y Cami Noli, la criada.
El ritmo atrapante de esta obra, escrita y dirigida por Guillermo Guilarte, se mantiene estable de principio a fin. Los efectos especiales y sonidos se convierten en un buen complemento de los gestos, movimientos y frases de actores y actrices. Y al final, con la resolución del caso y el culpable atrapado, el misterio queda resuelto.
Una actriz con mucha expresión
Luna Brandl vuelve a desarrollar su capacidad artística y expresiva, como en Betlle, el bio exorcista; El bombillo rojo, Las Delicias y Caos hospitalario, entre otras, en el papel de una peculiar gemela. Finalizado el estreno, respondió a la entrevista de El Café Diario®.
¿Qué podés decirle, sin espoilear, a la gente que va a venir a ver Él tuvo que morir?
Ah, el asesino es…, ja, ja. No. Bueno, la obra trata de una familia aristocrática que tiene muchos secretos. Cuando matan al patriarca de la familia, intentamos averiguar quién es el asesino. La idea es sospechar de todos los personajes, hasta que se descubre al asesino. Pero si vienen a más de una función, hay sorpresas.

¿Cuáles serían esas sorpresas?
Sólo digo que hay sorpresas, no voy a espoilear, pero las funciones no van a ser las cuatro iguales. Así que, si se vienen a otra, van a ver otras obras diferentes. Algo distinto.
¿Cómo surgió la idea de entregarle al público esos papeles para que anoten su sospechoso?
Eso lo hicimos más que nada para que el público juegue, porque esta es una obra interactiva. Guille Guilarte, el director y escritor de la obra, pensó que estas historias de asesinatos a uno se le viene a la cabeza el famoso club del misterio, donde hay que descubrir quién es el asesino. Y ahí dijimos de hacerlo así, como un juego, que la gente tenga que descubrir quién es el asesino.
Un personaje con mucha fuerza
¿Qué decís de tu personaje, esa gemela tan particular que va creciendo y ganando terreno a medida que pasa la obra?
Es un personaje con mucha fuerza. Un personaje que no lo entendés del todo. O sea, siento que el público se va a quedar como sin entender del todo cuáles eran sus verdaderas intenciones, si era bueno, si era malo, si era tarado, si no era tarado, si sabía hablar, si no sabía hablar… Eso está muy bueno, y para mí, como actriz, me parece un desafío muy lindo tener un personaje que cambie rotundamente de un acto al otro.
Resulta perfecta la complementación e interacción con tu gemela, Maiú Yaber.
Sí, sí, remil. De hecho –cuento una intimidad de la obra– yo tenía otro personaje, iba a ser La Cumera. Pero cuando terminamos de armar todo el elenco, le dije a Guille Guilarte que me parecía mejor que yo interpretase a la otra gemela. Sabía que Maiú lo iba a hacer muy bien, ella escucha mucho y es muy aplicada. Y yo sabía que íbamos a ser una muy buena dupla. También me gustó esa ironía de los gemelos: una muy alta y la otra muy chiquita.
¿Notaste que el público iba pasando de la seriedad por descubrir al asesino y las risas por las situaciones que se iban dando?
Yo soy muy exigente siempre. A lo mejor me hubiese gustado que se rían más, aunque igual se rieron un montón igual, porque yo estoy acostumbrada a hacer comedia. Y esta es una comedia negra, pero que tiene mucho más suspenso y hace que el público esté enganchado o atrapado, entonces cuando un espectador está enganchado o atrapado también es como que tiene menos reacciones porque está metido muy adentro.
Yo estoy acostumbrada a comedias que hago un chiste cada 30 segundos y es como que, si las personas no están todo el tiempo riéndose, no vale. Pero entiendo que esta es una obra diferente a las que venía haciendo. No es que todo el tiempo es comedia, sino que maneja otros matices, es más cine. Hubo un asesinato, y hay que buscar al asesino además de las risas.
ÉL TUVO QUE MORIR
Humahuaca 4310, CABA
Viernes de julio, 21 horas
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