Danza, vínculos y encuentros sobre un tablero de ajedrez

Danza, vínculos y encuentros sobre un tablero de ajedrez

Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)

No se puede vivir en jaque es una fresca e innovadora obra que muestra versatilidad, ritmo y coreografía con movimientos de danza contemporánea sostenidos en la energía musical del jazz y utilizando como base un tablero de ajedrez para refractar vínculos sobre el poder, las sensaciones y las dinámicas en las relaciones humanas.

¿Hasta dónde estamos dispuestos a mover nuestras piezas para sostener un vínculo? y
¿Y qué pasa cuando ya no queda ningún movimiento posible? son los planteos que presenta esta activa obra, que dura 45 minutos y cuenta con dirección general de Tatiana Rohr y coreografía de Ailén Rybak.

Movimientos y gestos que dicen todo

Trece bailarinas ofrecen un despliegue, sin interrupciones y con un ensamble y coordinación perfectos -igual que sus movimientos y despliegue físico en la danza– para, sin usar la voz, mostrar las reglas invisibles que construyen y desafían la manera en que nos relacionamos los humanos.

Indivualmente, en grupos chicos o con todo el elenco, el movimiento es continuo y frenético. La sincronización y la intensidad muestran la manera en que ocupamos un lugar, nos defendemos, competimos, respondemos sin escuchar.

El tablero de ajedrez

Un amplio tablero de ajedrez es el piso del escenario, también aparecen tableros más pequeños y cubos como parte importante, fundamental podría afirmarse, del espectáculo. La metáfora es como muchos de nuestros vínculos terminan convirtiéndose en una partida donde el objetivo, conciente o inconciente, parece ser ganar.

Con la elegancia de las reinas, la fortaleza de las torres, las diagonales de un alfil o las barreras defensivas de las peones, todas y cada una de las treces bailarinas protagonistas de No se puede vivir en jaque, dan muestra de todo tipo de sentimientos y sensaciones.