Despedida de pie a «Lo sagrado» de Julio Chávez
Por Luján Gassmann (lujan.gassman@elcafediariook.com)
Edición: Florencia Romeo (florencia.romeo@elcafediariook.com)
El próximo sábado 23 de noviembre Lo sagrado dejará la cartelera del Paseo La Plaza, la última y muy esperada obra de Julio Chávez, que escribió junto a Camila Mansilla.
Cada uno de los personajes de esta pieza teatral representan los roles típicos que se dan en los distintos vínculos de pareja, jefe/empleado o padres/hijos. En escena se rompe la idea de víctimas y victimarios, y muestra la profunda complejidad que implican estas relaciones llenas de ambigüedades, ambivalencias y hasta contradicciones.
Sobre Lo sagrado
La historia se centra en Rafael, protagonizado por Julio Chávez, un filósofo y reconocido escritor que vive de manera ermitaña en un pequeño pueblo, cercano a la playa. Luego de varios años de trabajo, escribe un libro autobiográfico llamado Lo sagrado, en el que retoma algunos años de convivencia con una ex pareja y el hijo de ella. Ese vínculo se cortó hace 8 años y desde entonces no ha habido contacto. Cuando está a punto de publicar este libro, lo visita, de manera inesperada, su hijastro llamado Gael, Rafael Federman, y le pide que cumpla con una vieja promesa. Ese es el inicio de la tensión entre ambos y el cuestionamiento sobre lo que es ético o no.
La historia se completa con otros dos personajes: Adela, interpretado por Eugenia Alonso, su secretaria, quien decide, luego de años de trabajo, renunciar a su empleo y dejar el pueblo el mismo día que llegaba su hijastro.
Por otro lado, está el ayudante de la finca, José, representado por Claudio Medina, quien está al servicio de Rafael. Ambos aparecen en la primera parte de la obra y van describiendo a través de sus vivencias el perfil del escritor. Por momentos desde la victimización; en otros rehenes, del qué dirán y todo lo que se comenta en un pueblo chico.

Relato del pasado
Poco a poco, el espectador va construyendo un relato del pasado y se hace una imagen del protagonista, y de la relación con Adela, quien deja un matrimonio por quedarse tantos años con Rafael. José lo señala desde la injusticia, pero reconoce que fue su elección.
En una noche de tormenta Gael se encuentra con Rafael, hay un abrazo interrumpido por Adela, que nos abre un interrogante: ¿qué hubiera sucedido si ese gesto de cariño se hubiese concretado? Y, tal vez, el cumplimiento de la promesa se transformaba en sólo una demanda de amor. La intervención de Adela, tampoco parece tan inocente, tanto la llegada de uno, como la partida de otro, es intrigante y nos da una idea que se arma y se desarma tal como nuestros prejuicios.
Lo sagrado y el derecho a la intimidad
El pasado y los vínculos para Rafael son tan sagrados que por eso los transforma en un libro, para que queden más allá de su paso por la Tierra. En ese sentido, la obra abre el debate sobre si es ético «usar» la vida de otro e ir contra el derecho a la intimidad.
La obra invita a reflexionar sobre lo que se considera sagrado en la actualidad, qué es intocable y con qué no se juega.
Además, en lugar de responder, deja ese trabajo al espectador, porque cada cual va sacando conclusiones. Si cumplir la promesa es prueba de amor y de ser leal a la palabra, pero engendra un daño para quien prometió, pero no cumplirla es un daño para la otra parte, que queda decepcionada, ese es el dilema a resolver.





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