«Un niño verde», una historia real que emociona

«Un niño verde», una historia real que emociona

Por Gabi Composto (gabi.composto@elcafediariook.com)

Edición de Carla Scardino (carla.scardino@elcafediariook.com)

Hay obras que se ven y otras que se atraviesan. Un niño verde pertenece, sin dudas, a la segunda categoría. Desde el primer minuto, la propuesta escrita y protagonizada por Martín Lerner se planta con una premisa tan íntima como potente: contar su propia historia, la de un trasplante de hígado que marcó su vida desde la infancia. Y lo hace con una sensibilidad que incomoda, interpela y emociona.

Un niño verde transforma lo personal en colectivo

En su segunda temporada, la obra consolida una identidad escénica que mezcla lo documental con lo performático. La dirección de Lucila Garay entiende perfectamente el pulso del material. Lejos de caer en un relato lineal o solo autobiográfico, la puesta se construye desde lo individual pero se vuelve espejo de lo colectivo. Porque sí, la historia de Lerner es única, pero también dialoga con miles de experiencias atravesadas por el sistema de salud, la desigualdad y la incertidumbre.

El contexto de los años 90 –y ese cruce entre lo íntimo y lo político– no aparece como telón de fondo decorativo, sino como una presencia activa que condiciona cada decisión, cada espera, cada miedo.

El elenco en movimiento constante

Los nueve intérpretes –Agustina De la Fuente, Ailen Schnabel, Caterina Tambucci, Federico Bethencourt, Juan Salas, Manuel Armengol, Manuela Begino, el propio Martín Lerner y Milagros Cicculli– permanecen en escena durante toda la función, al igual que el músico Alejandro Cohen.

Todo sucede a la vista, en un juego continuo de transformación. Los actores rotan roles, se cruzan, se sostienen. Hay una energía colectiva que potencia cada momento.

Nueve actores y un músico, todos en escena durante toda la duración de Un niño verde (Foto: gentileza prensa de la obra).

Palabras del propio «niño verde»

Desde El Café Diario® hablamos con Lerner para conocer un poco más del proceso de convertir su historia en una obra.

¿Sentiste que podías hacer catarsis al compartir tu historia?

Por supuesto, hay una dimensión de catarsis. Surge de muchas cosas que me han pasado, sobre todo durante la adolescencia y en los últimos años, vinculadas a enfermedades y a ciertos miedos.

En ese sentido, el proceso tiene mucho de catártico, pero también de compartir y de volver eso algo colectivo. Incluso para el público. Se acercan personas con historias muy diversas. Se quedan charlando con nosotros, comparten sus experiencias.

¿Cómo fue recorrer tu infancia a través de lo que te contaron pero también desde lo documentado?

Hay algo que siempre me sorprendió, y que fue el origen de esta historia, de escribirla, de montarla. Tiene que ver con la reacción de mis papás y también de sus amigos, de la familia, de sus compañeros que estuvieron cerca durante todo el proceso.

Fue una reacción muy entera, muy firme, con mucha claridad a la hora de explicar, de reclamar, de mantenerse activos en la búsqueda de una solución. Yo nací con una enfermedad congénita y no había posibilidad de que sobreviviera si no recibía un trasplante, lo que implicaba una enorme cantidad de dinero, gestiones y dificultades, en una época en la que este tipo de procedimientos recién comenzaban.

Un gran acierto de la directora Lucila Garay son las pantallas que cuelgan y sirven para documentar con proyecciones. Martín Lerner acompaña con sus relatos (Foto: gentileza prensa de la obra).

Su pelea era de la de muchos…

Mis padres, lejos de quedar atrapados en la desesperación, se volcaron hacia la solidaridad y a la búsqueda de soluciones colectivas. Para mí fue profundamente impactante, sobre todo al ver los videos y toda la documentación que conservo: cartas, imágenes de ellos luchando no solo por conseguir un órgano para mí, sino también para muchas otras familias que estaban esperando.

Una experiencia particular que conecta con el otro

¿Cómo fue descubrir que estar en tu lugar y ser quien sos hoy puede ayudar a concientizar?

A mí me emociona y me llena de alegría pensar que la obra pueda generar conciencia y que se hable del tema. No solo en relación con los trasplantes, la donación de órganos o la necesidad de mejorar el sistema de salud, sino también en un sentido más amplio: tomar conciencia de la importancia de los otros, de quienes nos rodean, de la sociedad en su conjunto, y de la necesidad de vivir desde la solidaridad.

Solos, muchas cosas no las vamos a conseguir. Siempre necesitamos de una red de apoyo, de estar cerca de quienes lo necesitan. Que eso pueda generarse a partir de la obra me parece realmente valioso.

Transformar el dolor y festejar la vida…

A veces me ha generado cierta culpa, esa sensación de que otros quedaron en el camino y de que yo, de alguna manera, tuve suerte. Pero también siento que es importante transformar eso: convertirlo en un festejo de la vida, en una manera de poner en valor las luchas, de celebrar la posibilidad de vivir y de compartir con otros.

La idea es no quedar atrapado en el lamento o en la tristeza, sino que pueda ser un festejo. Una forma de agradecer es vivir, pero también comprometerse, pelear por otros y generar conciencia.

: La energía colectiva inunda Timbre 4 porque más allá de lo actoral, de la obra, es un grupo muy comprometido con generar conciencia (Foto: gentileza prensa de la obra).

Agradecido y muy comprometido…

Es la mejor manera de honrar a los padres y madres que luchan, a los médicos y también a quienes pelearon y no lograron conseguir un donante, pero abrieron camino para los que vinieron después.

A fines de los años 80 y principios de los 90 comenzaron los trasplantes de hígado en Argentina, en un contexto marcado por una enorme solidaridad que permitió que todo esto pudiera empezar.

¿Qué dijeron tus padres cuando les contaste que se estaba gestando esta obra?

Estuvieron presentes en todo el proceso desde el comienzo. Ellos conservaban muchísimo material de esa época y a partir de eso nació mi inquietud de hacer la obra.

Cuando la terminé de escribir, se las compartí. Para mí era importante contar con su aprobación, porque hay aspectos muy íntimos de la historia familiar que se revelan: algunas cosas son públicas, pero otras no tanto.  No quería avanzar sin su consentimiento.

¿Qué les pareció el resultado?

Vieron la obra varias veces, se emocionan, invitan a amigos, a la familia.  Me siento profundamente agradecido, no solo por la lucha que dieron en aquel momento y por el lugar que la obra les reconoce, sino también por el acompañamiento que me siguen brindando hoy.

Se ve que estás muy agradecido con el grupo

Esta obra no sería posible sin el grupo de teatro con el que la hacemos, sin la dirección de Lucila Garay y sin mis compañeros.

Si bien parte de una historia personal, no podríamos haberla convertido en una pieza artística sin el trabajo colectivo.

Un niño verde

Domingos 20:45 hs

Teatro Timbre 4

México 3554, CABA

Entradas por Alternativa Teatral

Puede que te hayas perdido