Un panóptico para sostener la esperanza
Por Mirtha Caré (eme.care@elcafediariook.com)
Edición: Florencia Romeo (florencia.romeo@elcafediariook.com)
Panóptico es un acto experimental de Kamar, Teatro de la Luna, un grupo de teatro independiente de la provincia de La Rioja, que se dedica al fomento, la producción e investigación teatral.
Esta realización, que participó en el 26º Festival de La Víspera, parte de la exploración del texto Máquina Hamlet del dramaturgo alemán Heiner Müller; y al que sumaron textos de Marx, Lenin, Mao Tse Tung, Michel Foucault y Rubén Dri, entre otros.
El Festival se realiza desde 1997 en la localidad Ciudad Jardín del oeste del Gran Buenos Aires. Este encuentro es organizado por la compañía teatral El Baldío dirigida por Antonio Célico.
Miriam Corzi y Daniel Acuña Pinto son los fundadores del grupo de teatro independiente Kamar y conversaron con El Café Diario en el marco del Festival de La Víspera. Este encuentro reúne una amplia variedad de disciplinas artísticas.
El panóptico que llegó desde el norte
¿Por qué eligieron esta obra para traer de La Rioja a Buenos Aires?
Daniel: además de ser una cuestión de logística y economía, este es un trabajo que muestra algo muy importante para los que hacemos teatro de grupo, que es resolver más en función del trabajo actoral que por el trabajo escénico.
Y también porque este tipo de propuestas tienen que ver básicamente con el teatro independiente, ya que no estamos vinculados con ningún organismo de cultura que nos baje línea sobre lo que tenemos que hacer artísticamente.
Miriam: en relación a esto del teatro de grupo, me gustaría decir que quienes estamos actualmente trabajando en este acto, Daniel y yo, somos los fundadores de Kamar, Teatro de la Luna. Y que este trabajo empezó su proceso alrededor del año 2001.
¿Cómo fue trabajar a partir del texto de Máquina Hamlet?
Miriam: lo empezamos de una manera bastante experimental, nos encontramos con la obra y Daniel hizo la propuesta no de montar la obra exactamente, sino de tomar sus textos como un disparador.
Después, se nos pidió a los actores originales que agreguemos material, propuestas que estuvieran relacionadas con la dramaturgia actoral específicamente y otros elementos que pudieran sumar a este proceso. Así se agregaron los estudios sobre el panóptico y los textos de Peter Weiss, sobre la obra Marat/Sade. Posteriormente, Daniel fue haciendo el montaje.
¿Cuánto tiempo llevó este proceso?
Daniel: alrededor de nueve meses a un año. Aunque no se tomó el trabajo de manera continua, sino que surgían las propuestas y se trabajaban, no en base al discurso final —que tal vez se pueda leer desde la recepción de la obra—, sino en función más técnica actoral.
Fuimos resolviendo esas situaciones con el material que se iba aportando. Y luego tuvimos que completarlo con otros materiales para que desde nuestra perspectiva —que es la de un teatro más de ruptura, más experimental— tuviera una coherencia.
Miriam: en ese momento, nosotros también estábamos poniendo a prueba nuevas técnicas de trabajo vocal, corporal, entonces todo eso estaba mezclado. En un principio el texto fue una excusa que después comenzó a tomar forma. Porque, además, estábamos transitando un momento político (crisis de 2001) en el que teníamos intenciones de decir y todo fue uniéndose.
Entre los textos también está el Manifiesto Comunista (Karl Marx, Friedrich Engels, 1848) y los textos propios que hicimos para completar la dramaturgia. Ahí también nos propusimos construir un dispositivo escenográfico diferente, para eso hicimos todo un trabajo de exploración y quedó el círculo al que denominamos panóptico.
¿Y de dónde surge esta idea del círculo?
Daniel: el dispositivo escénico tiene que ver con el concepto de panóptico, que es un concepto recurrente en el libro Vigilar y castigar de Michel Foucault. En ese texto habla de un diseño de Jeremy Bentham (filósofo inglés), que dice que el aparato penitenciario perfecto funcionaría a partir de que todas las celdas estuviesen direccionadas visualmente hacia un punto central en el que habría una casilla donde, supuestamente, alguien estaría vigilando.
¿Qué reacción del público buscan o esperan con esa forma de escenario?
Daniel: el panóptico, metafóricamente, es la idea de Dios, es decir, los seres humanos somos conscientes de que estamos vigilados en todo momento y en todo lugar por alguien, y que la idea del control y el disciplinamiento es la figura de Dios.
Entonces, lo que hicimos fue plantear una forma de ubicar a los espectadores (sentados en tribunas), donde todos pudieran verse entre sí alrededor de ese centro circular adonde sucede escénicamente el trabajo nuestro. Básicamente, esa fue la concepción del dispositivo, generar la posibilidad de que los espectadores pudieran estar mirando a los otros espectadores y que automáticamente formen parte visual de la obra.
Miriam: nosotros jugamos con el adentro y el afuera, si algo aparece en la obra es cómo los personajes están todo el tiempo intentando salir, sobre todo ella, y cómo se ayudan entre sí.
Más preguntas que certezas
¿Cuál es el espíritu de este acto?
Miriam: creo que el espíritu del trabajo es sostener la esperanza, que es el espíritu revolucionario. Sostener la confianza en que las cosas se pueden dar vuelta, independientemente de que uno a veces está en situaciones depresivas y de confusión.
A pesar de las cosas extrañas que hacemos, los personajes se motivan todo el tiempo ante las posibilidades de un cambio por un mundo mejor. Para mí, se encamina por ese lugar: no tenemos la certeza de cuál es la salida, pero sí sabemos que se puede dar un cambio.
Daniel: yo creo que hay palabras sueltas, que por ahí pueden ir armando un hilo dramatúrgico para entender mejor. Como, por ejemplo, la palabra sublevación. Es bastante fuerte en relación a lo que se propone como imágenes. Pero no solo visuales, sino como imágenes que nos remontan a los sucesos del 2001. O sea, de la caída del gobierno y de la sublevación popular que ocurrió en casi todo el territorio argentino.
Ahí hay una suerte de puente que está tendido hacia eso. También como posibilidad de poner en discusión los conceptos del poder, el disciplinamiento, el espíritu revolucionario y la esperanza en el socialismo.
Latinoamérica sigue siendo todavía un territorio esperanzador, que hay que construir muchísimo es seguro. Pero sigue siendo, por lo menos para nosotros, un territorio en donde está sembrada la esperanza de que las cosas puedan cambiar.
Miriam: creo que tiene que ver sobre todo con el trabajo con el otro. No tenemos la certeza de cuál es la solución, pero sí de que está con el otro. Y creo que eso también lo brinda la obra.
Es un trabajo interesante. Si bien tiene una base experimental y vamos encontrando el sentido mientras lo vamos haciendo, le encontramos sentido a las cosas que decimos o hacemos. Este tipo de preguntas son las que nos hacen reflexionar sobre cómo explicamos esto que nos está pasando ahí adentro.








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