La «sonrisa obligatoria» bajo la lupa de Martín Berasain
Por Luján Gassmann (lujan.gassman@elcafediariook.com)
¿Qué sucede cuando la salud mental se convierte en una herramienta de mercado y la felicidad en una imposición estética? En un mundo donde el scroll infinito nos devuelve una galería inagotable de rostros radiantes, Martín Berasain irrumpe en las librerías con Un loco y un psicólogo. Ensayo sobre la risa (Editorial Planeta), una novela que utiliza la ficción para diseccionar las patologías de nuestra era.
La trama nos traslada a Buenos Vientos, en el ficticio -pero extrañamente familiar- país de Argot. Allí, un paciente diagnosticado con conspiranoia y un psicólogo aferrado a sus manuales académicos se baten en un duelo dialéctico. Lo que comienza como una sesión de rutina deriva en un sismo existencial: el «loco» no es un alienado, sino un observador que ha decidido quitarse la máscara de la positividad tóxica.
En Argot, como en nuestra propia realidad digital, quien no ríe, queda fuera. La novela denuncia cómo las redes sociales han transformado el dolor y la vulnerabilidad en fallas de sistema que deben ocultarse tras filtros brillantes.
A través de este diálogo, el autor plantea una pregunta incómoda: ¿Es el paciente quien delira, o es el profesional quien ha patologizado emociones humanas genuinas para que encajen en una sociedad de consumo? Para ampliar más sobre este atrapante libro, El Café Diario diálogo con Martín Berasain.

¿Qué te inspiró a escribir este libro?
Es una novela corta que surge de la observación de la sociedad actual. Me inspiró que tantos pacientes consultan por ansiedad, relaciones tóxicas, ataques de pánico, agotamiento, adicciones u otros malestares. Al entrevistarlos, me di cuenta de que la salud mental y los trastornos psicológicos deben entenderse en relación a cómo las redes sociales, los vínculos e incluso la mente son mediatizados e influidos por lo digital.
¿Influye la tecnología en esta situación?
Las tecnologías digitales conducen a estilos ansiosos, autocentrados, orientados hacia las imágenes y disminuyen la capacidad dialógica, el interés y la paciencia hacia los demás. Son cambios que muchos notamos en la sociedad en que vivimos. Pero aclaremos que esto no pasa en un solo país, sino en aquellos donde las tecnologías de la comunicación y la inteligencia artificial son parte esencial de la vida.
¿Cambiaste la forma en que ves a tus pacientes?
Siempre estoy evolucionando mis ideas. Al principio de mi carrera tenía una mirada más clásica, enfocada en las situaciones y vínculos de la infancia y en el inconsciente de los consultantes. Actualmente, tengo una mirada más ecléctica. Trato de integrar las teorías de la psicoterapia que me sirvan para comprender a la persona. No me alcanza una sola, ni creo que le alcance a la persona. El psicoanálisis, la terapia cognitiva, la logoterapia, la teoría social y las perspectivas contextualistas, que consideran la importancia de los entornos pasados y presentes, me permiten entender a las personas dentro de sus contextos sociofamiliares, en su presente y en sus expectativas de cambio.
Paranoia y salud mental
¿Qué parte de este «loco» conspiranoico es en realidad una proyección de tus propias dudas como profesional de la salud mental frente al sistema actual?
La «conspiranoia» es un trastorno creado de salud mental, es decir, una ficción narrativa en el libro. Es una mezcla de paranoia e ideas de conspiración que refieren a una red digitalizada de «vigilancia». Se estaría viviendo en una sociedad vigilada y supervisada digitalmente, en la cual todos dan muestras de una vida feliz. Todos intentan mostrarse felices sin interesarse ni conocer a los otros. Se crea una gran desconfianza entre los ciudadanos. La novela, en tono gracioso, denuncia esa parte de la realidad, según la cual somos «vigilados», sin darnos cuenta, a partir de las comunicaciones digitales e internet.
En el libro, el psicólogo se desestabiliza. Al denunciar la positividad tóxica, ¿estás deconstruyendo las mismas herramientas que la psicología clínica utiliza para adaptarnos a la sociedad?
La psicología clínica comprende una serie de teorías robustas acerca de las personas y su mente. No induce positividad de manera masiva. Las psicoterapias no proponen la positividad como eje principal de tratamiento: no la inducen ni podrían hacerlo, sino que, partiendo del análisis y de estrategias cognitivas, permiten que las personas procesen mejor sus duelos, se comprendan mejor a sí mismas en sus relaciones e interacciones, puedan resolver estados emocionales y conductas disfuncionales u optimicen sus perspectivas sobre la vida.
Tecnologías digitales
Si Argot, el país ficticio de tu novela Un loco y un psicólogo. Ensayo sobre la risa es un espejo de nuestra sociedad digital, ¿cuál sería la «máscara brillante» más peligrosa que llevamos puesta hoy en día, que ni siquiera un psicólogo logra detectar a simple vista?
Es riesgoso que la sociedad es cada vez más competitiva. Se ofrece la ilusión permanente de comunidad, mientras que los miembros de esas comunidades son virtuales y, generalmente, desconocidos. Creo que la sociedad digitalizada, no favorece necesariamente la solidaridad e induce desconfianza hacia los otros, aunque abunde la simpatía frente a las pantallas. Cada uno es estimulado a desear, a consumir y a vivir experiencias felices. De esta manera, lo común de lo cotidiano queda ignorado, genera poco interés o directamente desinterés.
¿Hay algo que se puede hacer para atenuar los efectos nocivos de las tecnologías digitales?
El mundo del futuro será más tecnológico de lo que es hoy. Es crucial mantener contactos presenciales, diálogos reales y momentos de calma, conscientes de la sobreestimulación y la maquinaria consumista detrás de la «felicidad» promocionada. Se necesita una distancia óptima: desacelerar, conectar con la naturaleza, el ocio simple y ejercitar mente/cuerpo sin la presión del rendimiento.
¿Qué se viene a futuro?
En el futuro seguirá otro libro con la temática de la forma frenética en que vivimos como sociedad y de cómo la mente de las personas está impregnada por el ritmo y la lógica de la tecnología. Ahí hablo del imperativo de la felicidad y de la alegría que se nos induce a mostrar y a reconocer como lo óptimo en los demás, así como de la exigencia interiorizada que esto significa para cada uno.




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