«El tema del verano»: viudas negras, pandemia y zombis
Por Guillermo Tagliaferri (guille.tagliaferri@elcafediariook.com)
Varios puntos atractivos confluyen en El tema del verano, thriller distrópico de terror filmado en el balneario uruguayo de José Ignacio: tres jóvenes porteñas, auténticas viudas negras que seducen, drogan y roban a acaudalados veraneantes; las secuelas y progresión de una fuerte pandemia, con una velada crítica a sus cuidados y descuidados; muertos que resucitan y se convierten en agresivos zombies y amenazan con el apocalipsis y hasta una tierna historia de amor entre dos de los protagonistas.
Este película es netamente un producto de la base inferior de América del Sur. Nacida y propuesta en Chile, rodada en Uruguay con guionista y director local (Pablo Stoll, con antecedentes en 25 wats, Whisky e Hiroshima) y con las tres principales protagonistas de Argentina (Azul Fernández, Malena Villa y Débora Nishimoto) y un elenco que combina las tres nacionalidades.
Los elaborados y estudiados robos de Ana, Malú y Martina, las tres audaces chicas, en Punta del Este vienen siendo un éxito, para ellas, y la nueva apuesta delictiva es grande. El golpe se proyecta en la mansión-residencia para artistas de un millonario mecenas. Allí el trio de delincuentes se presenta como artistas de vanguardia, con el objetivo de cometer otro redituable asalto utilizando el reiterado método de drogar a sus víctimas.
Pero nada será sencillo, en este planificado golpe delictivo, y las sorpresas van surgiendo. Un exótico y petulante casero (interpretado por el actor chileno Agustín Silva), una misteriosa y desconfiada mujer afro (Romina Di Bartolomeo) y un dubitativo pretendiente de músico (Leandro Souza) aportan suspenso y preguntas. Y empieza a desarrollarse situaciones típicas del cine de terror, con mucha sangre, vómitos, peleas y golpes arteros, escenas fuertes y con impacto visual.
Zombies en acción
La pandemia, en el caso de El tema de verano, deriva en otras secuelas: los muertos resucitan transformados en zombis, violentos y caníbales. La lucha por la sobrevivencia es tremenda e impactante. En el medio, fuerzas de seguridad intentan frenar la situación, con argumentos y acciones copiadas en parte de la realidad, emerge el discurso del capitalismo salvaje y los cuestionamientos.
Un aparición especial brinda el papel de Daniel Hendler, como el Comandante, un contradictorio personaje, que escopeta en mano, cuestiona el accionar del capitalismo en esta batalla sanitaria-cultural-comunitaria pero tiene muchas contradicciones. Pretende encontrar una mejora en el humano, pero no escatima violencia y crueldad. Otra gran actuación, más allá de la brevedad, del uruguayo (protagonista de 25 watts, El fondo del mar, Esperando al Mesías, El abrazo partido, División Palermo y guionista-director de El candidato).
En una conferencia, tras la función exclusiva para la prensa, Pablo Stoll contó que el personaje de Hendler, «concentra todas las pelotudeces que dice uno sobre algunas cosas, sin saber. Y en el momento de la pandemia había mucha pelotudez dando vuelta, y gente que se contradecía al minuto. A los tres meses de pandemia mucha filosofía al respecto ya no servía para nada. El personaje de Daniel es un poco eso, expresado rápidamente».
El tema del verano participó en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges y en Buenos Aires Rojo Sangre y tendrá su estreno al público el jueves 5 de febrero en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530, CABA) y desde el jueves 12 de febrero en el Cine Gaumont (Av. Rivadavia 1635, CABA).
Pablo Stoll y la influencia de George Romero
Stoll señaló que es fan de George Romero (1940-2017), director y guionista estadounidense especializado en películas de terror y zombies. «Desde chiquito veía sus películas y además he visto muchas de zombis en general. Vacié varios videoclubs en mi barrio y en barrios aledaños. El interés de los zombis está, sobre todo, por el absurdo de ese monstruo que no se explica mucho. Es un monstruo que simplemente no se muere, y que vuelve a comer cerebros y otros órganos. En El tema del verano, además, tiene muchas charlas, fui por ese lado», expresó.
El guionista y director nacido en Montevideo dijo; «Ya había hecho una serie de películas que me gustan mucho y eran de determinada forma. Y tenía ganas de hacer otra cosa más parecida a las películas que veía de pibe. Era una cosa que necesitaba hacer. Fue un proyecto que nos llevó muchísimo tiempo hacer y estuvo trancado bastante en vueltas de cómo lo queríamos producir. Todo se disparó cerca de la pandemia, entonces ahí también la película adoptó o tomó algunas cosas que pasaban en la pandemia, no podía obviarlas».
«Quería hacer algo bastante distinto a lo que había hecho antes, pero tratando de mantener el mismo tono, como de comedia, un poco absurda. Elegí hacer zombis conscientes porque en algún punto tienen poder de decisión a pesar de estar muertos. En esos años que estuve para hacer la película, salieron miles de películas de zombis y yo decía: que en esta los zombis no sean conscientes. Y bueno, fui zafando, pero fue la idea original, que los zombis se fueron dando cuenta y hablando y jugar con eso», expresó.
El desafío de las actrices
Azul Fernández y Débora Nishimoto también respondieron las preguntas de los periodistas en la presentación de El tema del verano. «Para mi fue un descubrimiento del día a día, como estaba planteado de una manera espectacular en el guion. Pero también fue encontrarse con cómo es un zombie, cómo hago de esto. Hay un ABC de cómo se hace de zombi, entonces era un poco divertirnos en la búsqueda, tanto pre rodaje, que era todo por zoom; donde Pablo nos pedía videos de pruebas de zombi, y bueno, empezar a crear un poco ahí. Después, estuvo la buena química con las chicas, conociéndonos en un contexto pandémico, que ayudaba y aportaba muchísimo al rodaje», destacó Fernández.
Nishimoto manifestó que «creo que fue un juego, además del desafío, porque fue muy lúdico encontrarnos ahí, en el mismo rodaje y previo también, en el casting. Teníamos que mandar un video bailando, como nos imaginábamos que baila un zombi, y a mí eso me parecía ya un desafío físico espectacular. Yo tenía que hacer un movimiento específico con la cabeza, era como algo que tenía que ir buscando todo el tiempo, y lo fuimos creando entre todos ahí».
Agrega Fernández: «Fue hacer algo que no había hecho nunca, era no solo el zombie sino también el maquillaje, las lentillas, y también el estar cubierta de sangre, que no era real por supuesto, gran parte del rodaje de la peli y hacer como que está todo bien, como que no te incomoda y que podés con tu vida. Pero fue muy lindo ver todo el proceso de cómo se hace esto, todo el back de cada departamento, tanto VFX como maquillaje. Fue lindo conocer cómo se hace todo esto y la verdad yo la pasé muy bien, fue muy divertido».
Nishimoto reveló que «estuvo muy bueno todo eso de los efectos especiales, pero también hacía frío. Con el frío tuve un tema, me llamaban la virgen de las bolsas de agua caliente, porque estaba todo el tiempo con bolsas de agua caliente. Pensar que me dijeron que se rodaba en noviembre en José Ignacio, yo pensé: ah, qué planazo. Pero el frío era terrible y en varias escenas estaba en bikini. Creo que eso fue para mí lo más arduo».
Azul Fernández reconoció que «yo no era muy fanática de las pelis de terror, soy bastante sensible, entonces me mantenía alejada. Pero a partir de esto un poco me empecé a mirar y a ver qué me gustaba y qué no me gustaba y la verdad que es un género que me genera mucha curiosidad y me encantaría hacer más», mientras que Débora Nishimoto respondió que «yo igual, no tenía experiencia en esto pero cuando estábamos haciendo la cuarentena vi varias películas de zombis y dije, ah, qué divertido. Y después en el rodaje, con tanta libertad, pudiendo crear tu propio zombi, me divirtió mucho y sí,w el terror es un género que me gustaría seguir explorando. Es algo muy físico, muy de la expresividad y me encanta».







Publicar comentario